Me acaban de
decir que en esta excursión el tiempo será muy bueno, esto según los
Marcipujarros, cosa que yo no acabo de comprender debido a que el firmamento
está de color azul, signo que representa que puede llover, aunque no nevar
porque no es la temporada de nieves, según me había dicho mi amigo Marci en otra ocasión.--
Por fin todos
nos vamos reuniendo en una gran explanada frente al hotel, donde hay
estacionados varios vehículos ( si se les puede llamar así ), que consisten
exteriormente en esferas circulares de unos tres metros de altura y de entre
diez a veinte metros de diámetro; porque
los hay de diferentes tamaños, con pocas diferencias de estilos, aunque sí de
colores, en lo que respecta a su aspecto exterior.--
Se abren unas
puertas correderas e invitan a subir a la especie de bólido que está preparado
para levantar el vuelo.-- Lo que a mi
me extraña e impresiona, que dispuesto para salir y que no estén en marcha los
motores, que deberá de tenerlos, y que una vez dentro del citado vehículo se
mueva en plan de marcha, lento al principio y acelerando la velocidad; pero,
aún así no consigo oir ningún ruido de motores.-- ¿cómo se mueve este artefacto, me
pregunto?.-- Miro hacia delante y
consigo ver a mi amigo Marci en el centro del esférico, bien amplio por cierto,
que a su vez me mira y me transmite un saludo a través de su mueca, que en él
significa una sonrisa.--
Por suerte me
toca compartir asiento con la Ninfa oriental, que aunque no nos entendemos
hablando, estamos creando un nuevo código de señales entre nosotros.- Miramos al exterior para observar el
paisaje y entonces me doy cuenta por primera vez desde que hemos embarcado en
aquel artefacto, que no sé si se mueve el bólido o es el paisaje el que alcanza
velocidades de auténtico vértigo.-
Por fin, sin saber el tiempo que llevamos ni
mucho menos la distancia recorrida, y menos aún dónde estamos.- Son momentos en que empieza el vehículo
circular a tener una velocidad moderada, que con toda claridad se podía
apreciar los objetos, los árboles, los edificios y hasta algunos seres de la
especie marciana que deambulaban de acá para allá.-- Pero lo más intrigante de todo el
espectáculo que teníamos ante nuestros ojos en aquellos momentos, es, ni más ni
menos, que en vez de volar parecía que íbamos andando y viendo el paisaje y las
gentes, y los árboles y los bosques, los caseríos y sus jardines muy
atípicos, las ciudades y los viandantes que andaban de un lado para otro.--
Si para mí
resulta increible lo que estoy viendo, y es una vivencia real, es imaginable
que cuando lo cuente.
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