CAPÍTULO C X X X I I .-
¿QUÉ PASA CON EL FISCAL
GENERAL DEL ESTADO.- ABC-MARTES-24-11
LEAN
EL BARATILLO DE MANUEL BARRIOS EN ABC
Pues lo que pasa es que
todos los fiscales españoles han reaccionado contra el descarado partidismo del
fiscal general del Estado, que han prestado con ello un gran servicio al
sistema de libertades.- Siempre que se
produce una colisión entre la justicia y a política, la que sale mal parada es
la política.- Para la supervivencia de
una democracia auténtica es imperdonable la actitud adoptada por los prebostes
del PSOE, presuntamente obligando por disciplina al Fiscal General del Estado a
defender la postura del partido socialista, constituyendo una merma del
prestigio y la trayectoria del cuerpo jurídico.-
Alguien está pidiendo la
dimisión del muy ilustre Fiscal General del Estado, dice hoy el diario ABC, que
don Eligio Hernández debería dimitir para no tener que obstaculizar más la acción de la justicia a favor de nadie,
por muy partidista que sea, y por mucho presunto tráfico de influencias,
nepotismo y corrupción, que de eso existe en esta España nuestra, ¿O no?.-
Todo lo que sea una investigación a fondo para delimitar
responsabilidades y hacer recaer el peso de la ley sobre aquellos que la hayan
infringido, no es más que hipotecar el honor, e imponer ‘lacras’ que algunos
tienen como normas, con todos los años de honradez que se quieran adjudicar.-
La situación es bastante
más grave de lo que muchos se pueden imaginar.- Hubo un tiempo, cuya fecha me resisto a
recordar, en que el Gobierno de gentes parecidas en demagogia y corrupción,
hicieron de España su ‘cortijo particular’.-
Siempre se vuelve a las andadas, quizás porque lo malo abunda.-
Si algunas partes de la
justicia se presentaran -- cosa improbable --
como presuntos paladines de la causa socialista, sin intervenir en casos
como Ibercorp, Renfe, Cruz Roja, AVE u otros, los cimientos de las
instituciones más representativas del país quedarían socavados.- ¿Verdad, señor Fiscal General?.-
De todas formas, los
políticos que quieran honradez habrán de ganársela, dejando las instituciones
al margen de sus batallas particulares, haciendo frente con gallardía y nobleza
a las responsabilidades de sus enjuagues y trapisondas.- A la sombra del poder permisivo y tolerante
con los suyos, los jerifaltes no deben colmar el vaso de la corrupción, con
censurables actos hacia la justicia, para que deje de resplandecer la verdad,
‘caiga quien caiga’.-
Quienes más deben velar por
el cumplimiento de las leyes no deben erigirse en defensores de la inmoralidad
y del delito, ni defender a ultranza la impunidad de la presunta corrupción en la que se está cayendo en
algunas partes.- La honradez no se gana
con palabras más o menos halagüeñas.- ¡JO¡
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