LOS
SECRETOS DEL CEMENTERIO
El Tuerto y su pandilla
seguían reunidos y nosotros en lo alto de los olivos bastante cansados
ya.- Cuando se separaron un poco vimos a
un hombre cavando una fosa.- Un poco
más tarde oímos un disparo.- Nos tiramos
de los olivos y corrimos hacia la realenga buscando el camino del Piocacho.- El hijo de la Pilar que vivia allí se quedó
llorando
Yo cogí de la mano a Mar
Pio porque se quedaba atrás.- Bajamos
la cuesta del Piocacho a la carrera hasta la cochera Pío.- Allí nos serenamos un poco porque estaba la Palomino en la puerta de su casa, que vivía junto
a la carretera.- Nos preguntó que de
dónde veníamos y le dijimos que de casa de la Pilar.- Todo
eran mentiras para no ser descubiertos
Desde la cochera hasta mi
casa nos fuimos repartiendo.- Cuando
llegamos a mi casa solo íbamos la Mar, la Nastasia y yo.- La Nastasia era hija de Anastacio .- Tenían una tienda en la plaza, frente a
Pío.- Anastacio era el hijo mayor del
pollero, de la ciudad de Carcabajo
Pero volviendo a
nuestra aventura, mi abuela me dio un tirón de orejas y quería que le dijéramos
dónde estuvimos.- Todo inútil, ninguno
soltábamos prenda.- En esto llegó mi
abuelo que había ido por agua y viendo el panorama, nos echó un cable para que
mi abuela no me diera unos cachetes.-
Siempre lo hacía y mi abuela cuando se enfadaba.- Mi abuelo0 le decía que
la había tomado conmigo en venganza de los que no le dio a su hijo, que tantos
quebraderos de cabeza le estaba o les estaba
dando.- Mi abuela más serena, nos dio
unas magdalenas para merendar.- Los
secretos de los niños son sagrados, a ver el guapo que le saca el secreto a un
niño, si no lo dice voluntariamente.-
Estando nosotros, los pequeños, merendando y
solos en la puerta de La casa, al oir conversaciones nos asomamos y eran los
barbudos con el Tuerto que regresaban de sus grandes Hazañas.- Si algún día pagara parte de los muchos males
que estaba haciendo en la sociedad, no se podía decir que era un pecado.- Por mi parte me estaría acordando toda la
vida del Tuerto, cada vez que me dolieran las cervicales, la cabeza y la espina
dorsal.- Y de lo poco que se preocupó mi
padre cuando vino de la guerra y le lo contaron.- Dicen que entre los malos anda el juego.
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