jueves, 3 de diciembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA EN MARTE


                                                      FRASCO ESTROSA

                   El alias se lo puso su madre porque siempre que llegaba a casa llevaba alguna rotura en la ropa de subir a los árboles o haberse peleado con los demás chicos, y ese lo dio su padre que era muy bruto y decía:  los chicos le llamábamos Frasco Estrosa, pero eso sí, tenía unos buenos sentimientos y era un fiel amigo.-   Me iba alegrando los día contándome sus travesuras y sus correrías.-  Me cuenta que hace un par de días se hartó de torresnos de cerdo, pero del jamón, si hubieras estado nos habríamos divertido dándoles de lado a esos barbudos rojos que ha traído el Tuerto.-  Han celebrado una de sus correrías en la plaza del pueblo y pusieron tres asaderos de carne y yo me colaba por entre las piernas de los barbudos que no me conocen y sacaba del lebrillo un puñado de torresnos y un barbudo ponía el pan a su lado y yo se lo birlaba.-  Me divertí.-  ¿Quién te acompañó¿ Tu amiga María de Pío, porque vino a preguntarme si te había visto para reunirse contigo, la invité a comer torresnos de jamón y no se atrevió.-

                    Los días Pasaban muy lentamente y a pesar de mi amigo, me aburría nada más que en cama.-  Todos los días venía un señor y me revisaba el cuerpo y traía unas hierbas con las que mi abuela me hacía los mejunjes color marrón con miel.-   Al cabo de muchos días me sentaron en una silla pequeña y mis dolores se acentuaron al tener que doblarme, pero me fui habituando.-  En un descuido que mi abuela salió a la calle yo me levanté de la silla y traté de andar y caí al suelo, pero el caso es que no me podía levantar, entonces grité y entró mi abuela con su genio de armas tomar y me sentó, no sin antes reñirme.-  Pero era más buena y cariñosa cuando quería, me dio de besos después de reñirme, y hasta se le saltaron unas lágrimas.-

                      Mi abuela empezó la rehabilitación levantándome y sujetándome para que andara y así comencé a caminar, hasta que me pudo dejar sólo, y sus rezos eran constantes:- Mi amigo me decía pronto estará bien porque tú eres como yo de hierro, y los rezos de tu abuela te van a ayudar, me decía socarrón.-  Seguí progresando y me valía por mi mismo para levantarme y acostarme, caminar y hacer mis necesidades, que ya era un progreso, del que me iba ilusionando.-  Quería volver a ser el niño-hombre que me decía mi vecina Tostados, porque siempre iba cargado  o iba con la mula a por cargas de agua a la Fuente de la Plaza, o venía con carga de frutas y hortalizas y descargaba yo solo subiéndome en el pollo .de la puerta.-   Todos los días venían mis ve cinas a verme, me daban mis besos y mis consejos para la mejoría.-

                     Ya me quitaron la faja que me molestaba.-  Un día tuve la sorpresa de que vino a verme Pío y su hija María, y mi abuela se enredó hablando con el anfitrión y yo me salí con María, que éramos buenos amigos, y sentados en un pollo que había en la puerta de casa charlamos y me contaba lo que ocurría

 

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