FRASCO ESTROSA
El alias se lo puso su madre
porque siempre que llegaba a casa llevaba alguna rotura en la ropa de subir a
los árboles o haberse peleado con los demás chicos, y ese lo dio su padre que era
muy bruto y decía: los chicos le
llamábamos Frasco Estrosa, pero eso sí, tenía unos buenos sentimientos y era un
fiel amigo.- Me iba alegrando los día
contándome sus travesuras y sus correrías.-
Me cuenta que hace un par de días se hartó de torresnos de cerdo, pero
del jamón, si hubieras estado nos habríamos divertido dándoles de lado a esos
barbudos rojos que ha traído el Tuerto.-
Han celebrado una de sus correrías en la plaza del pueblo y pusieron
tres asaderos de carne y yo me colaba por entre las piernas de los barbudos que
no me conocen y sacaba del lebrillo un puñado de torresnos y un barbudo ponía
el pan a su lado y yo se lo birlaba.- Me
divertí.- ¿Quién te acompañó¿ Tu amiga
María de Pío, porque vino a preguntarme si te había visto para reunirse
contigo, la invité a comer torresnos de jamón y no se atrevió.-
Los días Pasaban muy
lentamente y a pesar de mi amigo, me aburría nada más que en cama.- Todos los días venía un señor y me revisaba
el cuerpo y traía unas hierbas con las que mi abuela me hacía los mejunjes
color marrón con miel.- Al cabo de
muchos días me sentaron en una silla pequeña y mis dolores se acentuaron al
tener que doblarme, pero me fui habituando.-
En un descuido que mi abuela salió a la calle yo me levanté de la silla
y traté de andar y caí al suelo, pero el caso es que no me podía levantar,
entonces grité y entró mi abuela con su genio de armas tomar y me sentó, no sin
antes reñirme.- Pero era más buena y
cariñosa cuando quería, me dio de besos después de reñirme, y hasta se le
saltaron unas lágrimas.-
Mi abuela empezó la
rehabilitación levantándome y sujetándome para que andara y así comencé a
caminar, hasta que me pudo dejar sólo, y sus rezos eran constantes:- Mi amigo
me decía pronto estará bien porque tú eres como yo de hierro, y los rezos de tu
abuela te van a ayudar, me decía socarrón.-
Seguí progresando y me valía por mi mismo para levantarme y acostarme,
caminar y hacer mis necesidades, que ya era un progreso, del que me iba
ilusionando.- Quería volver a ser el
niño-hombre que me decía mi vecina Tostados, porque siempre iba cargado o iba con la mula a por cargas de agua a la
Fuente de la Plaza, o venía con carga de frutas y hortalizas y descargaba yo
solo subiéndome en el pollo .de la puerta.-
Todos los días venían mis ve cinas a verme, me daban mis besos y mis
consejos para la mejoría.-
Ya me quitaron la faja que
me molestaba.- Un día tuve la sorpresa
de que vino a verme Pío y su hija María, y mi abuela se enredó hablando con el
anfitrión y yo me salí con María, que éramos buenos amigos, y sentados en un
pollo que había en la puerta de casa charlamos y me contaba lo que ocurría
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