sábado, 19 de noviembre de 2016

GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


                                               A NOSOTROS TAMBIÉN NOS LLEGÓ
Todos los cortijos del municipio habían sido saqueados, expoliados, y muchas cosechas quemadas por presuntas represalias presuntamente sindicalistas e incluso de particulares.-   En el pueblo también se había requisado, según los presuntos representantes de la república, saqueado en definitiva, todos los comestibles, armas, ganado y dinero y joyas en beneficio de la revolución.-
Mi abuelo tenía varios cerdos cebándolos, unos para la matanza de la casa y otros para vendérselos a Pío, como todos los años se hacía.-  Con eso se pagaba la lista de compra de todo el año en la tienda, de ropas y comestibles que necesitábamos.-  Una mañana temprano cuando desperté oía yo gritar a mi madre y mi abuela sin saber lo que pasaba.-
Los niños dormíamos en el piso de arriba, la cámara de la casa, en una estancia mis abuelos y en la otra los tres pequeños, mi madre y mi hermano Isidro en el cuarto o dormitorio de abajo.-  Yo me asomé a la ventana y desde donde se vía la zahúrda de los cerdos y ví muchos hombres con escopetas y pistolones rodeando a mi abuelo junto a la piara de cerdos que estaban en la calle y que mi abuelo intentaba que no se los llevaran.- Estos eran los rojos de mi padre.-
                       Por fin, mientras unos sujetaban al pobre viejo, los demás se llevaban el ganado.-   Por último vi como empujaban a mi abuelo a un muladar que había en las inmediaciones y se iban.-   Mi madre y mi abuela que lloraban en la puerta de casa, bajaron corriendo a socorrer a papá Clemente.-  Yo empecé a llorar de rabia y, a mi corta edad, se me vinieron a la cabeza muchas cosas y ninguna buena.-
                      Fue un trance terrible para todos los que lo vimos.- Mis hermanos no se enteraron de nada porque dormían.-   Entonces los mayores en la casa se dieron cuenta que aquello era el principio de otras cosas que sospechaban que vendrían después, como habían ocurrido a otros del pueblo.-  Los vecinos que teníamos que presenciaron los acontecimientos vinieron a casa en señal de amistad.  Los cuatro o cinco vecinos más cercanos que yo conocía y entraba a sus casas a jugar con los hijos pequeños de mi edad, que eran una señora llamada la Música, por el alias del marido, la Antonia de Tostados, La Formalona y  la Vidriera.-


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