A
NOSOTROS TAMBIÉN NOS LLEGÓ
Todos los cortijos del municipio habían sido saqueados, expoliados, y
muchas cosechas quemadas por presuntas represalias presuntamente sindicalistas
e incluso de particulares.- En el
pueblo también se había requisado, según los presuntos representantes de la
república, saqueado en definitiva, todos los comestibles, armas, ganado y
dinero y joyas en beneficio de la revolución.-
Mi abuelo tenía varios cerdos cebándolos, unos para la matanza de la casa
y otros para vendérselos a Pío, como todos los años se hacía.- Con eso se pagaba la lista de compra de todo
el año en la tienda, de ropas y comestibles que necesitábamos.- Una mañana temprano cuando desperté oía yo
gritar a mi madre y mi abuela sin saber lo que pasaba.-
Los niños dormíamos en el piso de arriba, la cámara de la casa, en una
estancia mis abuelos y en la otra los tres pequeños, mi madre y mi hermano
Isidro en el cuarto o dormitorio de abajo.-
Yo me asomé a la ventana y desde donde se vía la zahúrda de los cerdos y
ví muchos hombres con escopetas y pistolones rodeando a mi abuelo junto a la
piara de cerdos que estaban en la calle y que mi abuelo intentaba que no se los
llevaran.- Estos eran los rojos de mi padre.-
Por fin, mientras unos
sujetaban al pobre viejo, los demás se llevaban el ganado.- Por último vi como empujaban a mi abuelo a
un muladar que había en las inmediaciones y se iban.- Mi madre y mi abuela que lloraban en la
puerta de casa, bajaron corriendo a socorrer a papá Clemente.- Yo empecé a llorar de rabia y, a mi corta
edad, se me vinieron a la cabeza muchas cosas y ninguna buena.-
Fue un trance terrible
para todos los que lo vimos.- Mis hermanos no se enteraron de nada porque
dormían.- Entonces los mayores en la
casa se dieron cuenta que aquello era el principio de otras cosas que
sospechaban que vendrían después, como habían ocurrido a otros del
pueblo.- Los vecinos que teníamos que
presenciaron los acontecimientos vinieron a casa en señal de amistad. Los cuatro o cinco vecinos más cercanos que
yo conocía y entraba a sus casas a jugar con los hijos pequeños de mi edad, que
eran una señora llamada la Música, por el alias del marido, la Antonia de
Tostados, La Formalona y la Vidriera.-
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