LOS EXCARCELADOS
Cada día llegaban algunos individuos forasteros, barbudos, sucios y
malolientes.- A los chiquillos nos
preguntaban para llegar a la casa del pueblo.-
Nosotros no entendíamos lo que significaba la casa del pueblo, porque
casas del pueblo eran todas.- Al parecer
era donde se reunían todos los rojos.-
El hijo de Pío, el Antonio y yo siempre encabezábamos algunas correrías
por el pueblo.- Pero Antonio era pequeño
y no lo dejaba la madre retirarse de la Plaza.-
Cierto día llegó María (hija de
Pio) donde yo estaba echando de comer a los cerdos que teníamos para
engordarlos, que según mi abuelo, dos eran para nuestra matanza y siete para vendérselos
a Pío que él hacía matanzas para vender.-
Venía acompañada de su vecina de
enfrente, hija de un tal Anastacio, me dijo que venía el Tuerto de camino, con
algunos barbudos de los que llegaron días antes y traían un prisionero con las
manos atadas.- Como siempre, seguro que
iba al cementerio.
Yo dejé mi trabajo y nos fuimos tras la comitiva.- De camino silbábamos con la contraseña que
teníamos para reunirnos y cuando llegamos a la carretera íbamos una pandilla de
medias docena.- En el lugar denominado
‘’cochera de Pío’’ empezaba la carretera.-
El tuerto dijo que nos volviéramos y se puso furioso y dijo que nos iba
a azotar.- Decidimos hacerle caso, más
acobardados por las amenazas.-
Los rojos siguieron caminando por la carretera y, cuando tomaron la
curva, nos miramos unos a otros y puestos de acuerdo corrimos por la trocha del
Picacho, paralela a la carretera, pero retirada.- Notros los veíamos caminar y ellos no nos
podían ver.- Se dirigieron por un
camino que lleva al cementerio.- Nosotros
seguimos hasta las paredes del camposanto.-
El cementerio estaba al lado de la carretera, en una pendiente y, por
la parte de arriba, el muro que tenía estaba a un metro del suelo.- nos escondimos en unos olivos que había muy
cerca, propiedad de un tal Antonio Pilar, de nuestra edad, que cuando nos vio
pasar por el camino del Picacho se agregó a nosotros.- Nos subimos todos a los olivos y veíamos a los rojos reunidos en el cementerio.- Somos los portavoces, somos los chiquillos
del pueblo los mejor informados de todos los acontecimientos, de las fechorías
o de las buenas acciones, pero aquí no hay buenas acciones, porque los rojos no
son hermanitas de caridad.-
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