martes, 22 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


                         LAS HERIDAS DEL ALMA SON INCURABLES
 De aquel ataque del rojerío pude salir, aunque me dijo don Félix que  tendría un recuerdo vitalicio cada vez que nombraran a los rojos.-  Pero el recuerdo más amargo de mi alma era encontrarme la casa de mis abuelos tan vacía de comestibles que un ratón se moriría de hambre.-  Mi abuelo fue perseguido a tiros, a consecuencia de su largo exilio, escondido en diferentes lugares del tajo madrileño, del tajo de la Villa Vieja, de la Murciegalina , murió años más tarde y a mí me arrearon de lo lindo, para enviarme a las puerta de San Pedro.-  He  arrastrado mi dolencia y la simpatía a los rojos.-
 Pero cuando mi padre vino de la guerra y vio que no había grano ni para sembrar, enterado ya de que los rojos se lo llevaron todo y nos dejaron a pasar hambre, no hizo comentario, no le preocupó que a sus padres viejos y enfermos, su mujer e hijo los dejaran sin alimentos  y las consecuencias que ocurrieron cuando nos robaron los rojos.-
 Nada le preocupaba, era insensible a todo, menos a que Pranco hubiera ganado la Guerra.-  Su odio era eterno hacia él y el mío y de mis abuelos a los rojos.-  He ahí las consecuencias de la guerra, las heridas que jamás cicatrizarán, la justicia y la injusticia frente a frente igual que en los frente de lucha.-  Padres contra hijos y hermanos contra hermanos y viceversa.-
Solo faltaba que un loco, un fanático, un rojo de los muchos con ansias de poder, hiciera una ley para hacer hoyos en España buscando restos de los buenos, de los  de Alí Babá que son medio España y dejara la otra media España en los diferentes y abundantes podrideros de Paracuellos, Las Checas de Madrid, Barcelona y montones de ciudades y pueblos, entre ellos uno de Granada llamado Turón, donde consiguió escapar un militar que estuvo recibiendo la terapia roja, estando varias veces en capilla.-   Escapó por uno de esos milagros que se suelen dar en la vida para poder contar su retiro en Turón.
          No quiero nada de Pranco, era un estribillo mañanero que solíamos escuchar de vez en cuando, porque mi abuela era incansable y tal vez porque consideraba que algún día se bajaría de la nube y vería la realidad de su propia familia.-  Secuelas de la fatal guerra, unos padres viejos y enfermos, sobre todo su padre a consecuencia de haber querido salvar el pan de sus propia familia y que no se lo robaran.-  Un hijo inútil a consecuencia de la violencia del rojerío que él había y seguía defendiendo.-  Y un dolor de estómago que él había traído de la guerra, nadie sabía por qué, ya que no existían antecedentes familiares para diagnosticarlo.-  Las secuelas familiares de la guerra no lo dejaron trabajar, pero sí aumentar la familia, que los abuelos y yo toleábamos y yo seguí manteniendo hasta los treinta años que me fui de casa.-



No hay comentarios:

Publicar un comentario