EL
MAESTRO DON ESTEBAN
Era un hombre apolítico, bueno, culto, muy social, que tenía un gran
prestigio ganado en el pueblo, de toda la ciudadanía, independientemente del
color de las banderías del momento.-
Tal vez por eso lo siguieron dejando los marxistas que en las
escuelas.- Daba clase a los jóvenes
hasta los dieciséis años, y por las noches daba clases a adultos por su cuenta,
sin que por este trabajo le pagaran, según decía él.- No intervenía en política, ni en reuniones de
las masas .- Él y su mujer, doña
Pilar, que ella se encargaba de las
clases de las niñas, solo se ocupaban de sus menesteres.-
Por las noches se reunía en casa de Pío con
Manoliche y mi abuelo, aunque el abuelo no podía oír, pero yo se lo contaba al
día siguiente, y además, le leía la Prensa que me llevaba de casa Pío.- Yo era el chiquillo mejor enterado de los
acontecimientos de la guerra, llevaba mis propias notas, de lo que se sentía
orgulloso don Esteban y también mi abuelo.-
Resulta que me gustaba mucho leer y también escribir, y no podía pasar
sin escribir algo o de leer lo que encontraba.-
Cualquier papel que encontraba tirado y vía que estaba escrito tenía que
leerlo.-
Los libros que había en casa de Pío tenía autorización para leerlos, y
el maestro me daba, de vez en cuando algún libro interesante que me encantaba,
como el Lazarillo de Tormes o el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la
Mancha.- En verdad no tenía demasiado
tiempo, porque entre estudiar, leer la Prensa, ayudar a los abuelos, cuidar
ganado, y algún rato con mis amigos de correrías, me faltaba tiempo hasta para
dormir lo suficiente.- Un contraste
entre los que se juntaban conmigo, porque ellos tenían todo el día para sus
correrías por el pueblo.-
Pero no me arrepiento, porque cuando me enfrentaba en la escuela con
los mayores, como José Músico, y otros de su edad, ninguno me untaba la reja
con saliva, como decíamos los chicos en los juegos.- Estaba siempre por delante de ellos en
matemáticas, ortografía, geografía, historia y de todas las asignaturas que nos
daba don Esteban.- Tenía dos ventajas
sobre ellos, mi constancia en estudiar y el buen trato educativo que recibía
del maestro, que se preocupaba de mi enseñanza.- Siempre me decía que no lo defraudara.- El abuelo estaba muy contento de lo que le
decía el maestro de mi.- Como el pobre
era analfabeto, me decía: Tillo, estudia que no seas como yo, que algún día
puedes ser un hombre de provecho.-
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