RESTAURANTE TYLLO-KIOTO
En
la Ciudad Azul, en la capital del Estado Rojo por excelencia, ya era bastante
conocido el Restaurante Tyllo-Kioto y sus famosos fines de semana, sus
discotecas y esos bailes que tenían el nombre de sevillanas y que el dueño
Tyllo protagonizaba.- Los fines de
semana tenían ya alcance protagonista nacional y algunos visos de internacional
por haberse convertido el Estado Rojo en un Estado turístico en Marte.-
Tyllo
y Kioto escinificaban, de vez en cuando, esas peleillas de auténticos
enamorados que les hacían tan famosos en el Restaurante y hasta en medio de la
calle.- Pero este día no era su día,
porque era uno de esos días que todo se ve de color negro, y , no porque el día
estuviera gris oscuro.- ¿Damos un paseo,
cariño?, dice Tyllo a Kioto.- ¿Yo,
contigo?, contesta la hembra.- Voy a
pasear con el señor Marko.- ¿Qué dices?,
contesta el señor Marko.- Yo no te he
pedido nada Kioto, no me metas en tus líos.-
Tyllo, sorprendido y disgustado, da media vuelta y decide irse.- Kioto le tira a Tyllo un libro que estaba
leyendo.- ¡¡Adiós cariño, mis saludos a
la rubia que tanto mirabas en el autobús¡¡.-
Tyllo se vuelve y la mira sonriente, mientras le tira besos con las
manos.- Pero amor mío, de qué rubia
hablas si yo solo te miro a ti, solo te quiero a ti, solo te adoro a ti.- Si no me dejas ni al sol ni a la sombra, si
siempre estás a mi lado.- Qué digo, a mi
lado, encima de mi y me vigilas con cuatro ojos, me das pellizcos cuando miro
alguna mujer.- Si yo hubiera mirado a
una rubia te habrías lanzado sobre mi y sobre ella y hubieras cometido un
escándalo público.-
Marko, por su parte se divertía con la pareja y sus sainetes amorosos.- Eran tan habituales que hasta el personal del
Restaurante los echaba de menos.- Me lo
dices todo eso en serio, mi amor, se decide Kioto.- Tan en serio que en estos momentos no tengo
ganas de reír.- Qué gracioso.- ¿Y de qué tienes ganas?.- De besarte hasta que te desmayes.- ¿Con la rubia por medio o a mí sola?.- Marko y los empleados se partían de
risa.- Esperaban ese final de siempre,
que acababa en un espectacular abrazo e infinidad de besos y caricias, tantas
veces visto.- Tyllo se fue acercando a
Kioto, ella corría, pero él la alcanzó, la cogió en brazos y desaparecieron.-
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