VIAJE A LA HACIENDA DEL
MOKRÓN
Cuando
llegamos a casa y mi abuela preguntaba cómo nos fue, el abuelo no paraba de
celebrar los saludos que nos dieron los militares, a diferencia de las malas
pulgas del Tuerto.- Qué educación,
decía, y qué diferencia.- Yo leí el
papel de la declaración y se reían en casa por las mentiras que se le
ocurrieron al abuelo que, por supuesto, el oficial no se las creyó, pero las
aceptó como buenas sin comentarlas.-
Nos vamos al Mokrón unos días.- El abuelo necesitaba respirar aire puro;
estaba muy enfermo del asma que le había creado su encierro en la cueva, tenía
que salir de allí y cambiar de aires.- Ahora
está más segura la casa con los militares patrullando y los rojizos
ausentes.- Mi abuela avisó a las vecinas
más amigas, les dijo, además, las noticias del oficial militar de que habría
comedores para los chicos que asistieran a las escuelas que sería en breve.- Pero los comedores son para los niños que asistan
al colegio
Cuando
ya estábamos preparados para salir llegó Píor a ver a mi abuelo.- Se enteró por los vecinos que fueron a su
tienda.- Al decirle que nos íbamos al Mokrón
se fue con nosotros hasta la cockera, sacó la pipirrana y nos subió a todos, menos mi abuelo que
llevaba la mula cargada con ropas y cosas de la casa.- Nos apeó en el molino de, que hasta allí llegaba
para vehículos.- Nosotros caminamos
hasta la Hacienda.- Al pasar por una pequeña
barriada llamada los Corkijillos, salieron la familias Makía (las casas eran
del padre e hijos) y nos saludaron.-
El Mokrón
nos encontramos la sorpresa de que estaba la Makía, hermano de madre, su marido, el tío Bakilio
siempre chistoso y los cuatro primos:
Juakeles, Bakilio, Antokio, Joké y Aka.-
El abuelo Marko tenía ya reunida
a toda la familia.- juakele era de mi
edad, y así los demás.- Nos fuimos todos
a jugar a la calle, bajo la sombra de la espesa y muy tupida de la higuera breval
que había en la puerta.- Hacía tiempo,
por las circunstancias de la guerra, que no estábamos juntos, por lo que
correteamos todos los alrededores alegremente.-
El abuelo Mark tocó la lata que tenía en la puerta que significaba
llamada, siempre lo hacía así.- Nos
reunimos todos, porque había llegado el abuelo Mariano e íbamos a comer.- Los dos mis abuelos se abrazaron y se les
echaba un nudo en la garganta, igual que a mí que los observaba, era volver a
estar juntos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario