domingo, 1 de noviembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

                                                      CORTIJO DEL MORRO

                   Una mañana se presentó mi abuelo, por parte de mi madre a ver a sus nieto.-  Vivia en una casa de campo, en el Departamento marciano de Marlenko  Traía algunas frutas de su huerto y huevos del campo, y como regalo un pollo campestre para que hicieran una cazuela de arroz que tanto nos gustaba a todos.-  A la hora de comer, como casi siempre ocurría, se presentó mi tío  (pilinchín), que estaba trabajando en el cortijo del Roi de cochero de caballos para los señoritos.-
                     Decidieron aquella tarde que nos fuéramos al cortijo del Morró a terminar de pasar el día.-  El abuelo me  subió en el viejo mulo que tenía y nos llevó al cortijo.-  La obra era vieja, pero tenía muchas habitaciones, bien acomodadas por dentro y restauradas, aunque por fuera daba una mala imagen.-
                       Tenía un huerto por delante, todo bien vallado, para que las docenas de gallinas y pavos que tenía no estropearan la huerta.-  Había muchos árboles frutales, hortalizas de todas clases, incluidos melones y sandías.-  Una fuente con abundante agua que llenaba una alberca para el regadío del huerto y surtir las necesidades de los animales que había en el cortijo.-
                     Me bañé en la alberca, bajo la supervisión de Papá abuelo, merendamos queso y frutas y miel de abeja.- Tenía detrás de la vivienda una docena de colmenas que él cuidaba y les castraba la miel.-  Cuatro cabras pastaban a sus anchas en los alrededores sin necesitar que las cuidaran.-  Las tierras eran casi todas de manchón, salvo poco más de una hectárea que se sembraba, con la que recolectaba semillas y paja para el ganado.- 
                     Mi abuelo vivía solo en el cortijo y había recibido varias visitas del Tuerto con algunos de sus esbirros.-   Buscaban semillas de las que había sembrado, como trigo y garbanzos que era lo que más les interesaba, y también matanzas, o cerdos para llevárselos.-  Siempre que iban se llevaban, algunos gallos de campo.- Mi abuelo Juan era del pueblo y todos lo conocían.-  Pero el Tuerto, desde que tomó el mando de los rojos, no conocía a nadie.-  Quería fusilarnos a nosotros por estar trabajando, como premio.-  Y como premio se llevó el trigo que teníamos en la era , limpio de polvo y paja.-  Total, Unas treinta fanegas, decía el abuelo.-


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