domingo, 1 de noviembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

ELCORTIJO ERA UN PARAISO

                    Pasamos varios días en el cortijo, durante los cuales pasaron el Tuerto y compañía por allí, era un camino real que atravesaba los campos del cortijo camino del río Pesquera y el molino de harina y panadería de los ‘’guiñapos’’.-  Siempre que pasaba gente se paraban a beber en aquella fuente, única en todo el contorno, a excepción de un pozo que había en el cortijo de Juan Antonio.-
                      Mi abuelo y mi madre mataron un cabritillo con unos veinte días, que tenía papá abuelo criándolo.-   Aún le faltaba para el destete.-   En realidad, no echábamos de menos los problemas de la guerra que seguía su curso irremediablemente.-   Pero yo sí echaba de menos a mi abuelo Marci y sus caricias y consejos.-  También echaba en falta las noticias de la radio y de los periódicos que traía Pío a diario de la gran ciudad.-
                        Deseaba leerle la Prensa a mi abuelo, que el pobre no se enteraba de nada sin mí.-  Aquella calurosa tarde del mes de agosto, estaba yo estudiando a la sombra de una frondosa higuera  breval que había a la puerta   de la casa.-  Digo estudiando y pensando, porque mis pensamientos iban al libro , que siempre iba conmigo; una enciclopedia de tercer grado, que eran los libros de estudio de la época, un regalo de papá Marci, que se la encargó a Pio, para que la trajera de la ciudad, único sitio donde se podía encontrar.-  La enciclopedia tenía todas las asignaturas.-
Mirando el camino que iba y venía del pueblo.-  Añoranzas de mi vida ajetreada de niño revoltoso e inquieto, con sueños de saber de todo un poco.-  De Pronto aparece en el horizonte, en la lejanía del camino, un bulto que parecía una caballería, cerca de otro conjunto de casas que se llamaban los cortijillos, todas las casa de propiedad de un tal Jos Marko de los Cortijillos, que fue construyendo en su propiedad para cada uno de sus hijos, que eran muchos.-   Dicen que andaba alrededor de la docena.-  Entre la calina de la canícula agostiza, conocí el mulo de  papá Marci.-   Mi corazón comenzó a latir aceleradamente.  Corrí camino adelante, y como algo lejano oía la voz de mi abuelo que me decía:  Marci, no corras que ya llego, que traigo muchos periódicos, muchas noticias.  La alegría de ver a mi abuelo que solo llevaba veinticuatro horas, era insaciable.- 


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