ELCORTIJO ERA UN
PARAISO
Pasamos
varios días en el cortijo, durante los cuales pasaron el Tuerto y compañía por
allí, era un camino real que atravesaba los campos del cortijo camino del río
Pesquera y el molino de harina y panadería de los ‘’guiñapos’’.- Siempre que pasaba gente se paraban a beber
en aquella fuente, única en todo el contorno, a excepción de un pozo que había
en el cortijo de Juan Antonio.-
Mi abuelo y mi madre
mataron un cabritillo con unos veinte días, que tenía papá abuelo
criándolo.- Aún le faltaba para el
destete.- En realidad, no echábamos de
menos los problemas de la guerra que seguía su curso irremediablemente.- Pero yo sí echaba de menos a mi abuelo Marci
y sus caricias y consejos.- También echaba
en falta las noticias de la radio y de los periódicos que traía Pío a diario de
la gran ciudad.-
Deseaba leerle la
Prensa a mi abuelo, que el pobre no se enteraba de nada sin mí.- Aquella calurosa tarde del mes de agosto,
estaba yo estudiando a la sombra de una frondosa higuera breval que había a la puerta de la casa.-
Digo estudiando y pensando, porque mis pensamientos iban al libro , que
siempre iba conmigo; una enciclopedia de tercer grado, que eran los libros de
estudio de la época, un regalo de papá Marci, que se la encargó a Pio, para que
la trajera de la ciudad, único sitio donde se podía encontrar.- La enciclopedia tenía todas las asignaturas.-
Mirando el camino que iba
y venía del pueblo.- Añoranzas de mi
vida ajetreada de niño revoltoso e inquieto, con sueños de saber de todo un
poco.- De Pronto aparece en el
horizonte, en la lejanía del camino, un bulto que parecía una caballería, cerca
de otro conjunto de casas que se llamaban los cortijillos, todas las casa de
propiedad de un tal Jos Marko de los Cortijillos, que fue construyendo en su
propiedad para cada uno de sus hijos, que eran muchos.- Dicen que andaba alrededor de la
docena.- Entre la calina de la canícula agostiza,
conocí el mulo de papá Marci.- Mi corazón comenzó a latir
aceleradamente. Corrí camino adelante, y
como algo lejano oía la voz de mi abuelo que me decía: Marci, no corras que ya llego, que traigo
muchos periódicos, muchas noticias. La alegría
de ver a mi abuelo que solo llevaba veinticuatro horas, era insaciable.-
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