EL NIDO LLENO
En el nido había suficiente
semillas, tanto para nosotros como para el mulo y las dos cabras - ya
que los cerdos nos los robaron -, según apreciaciones de mis abuelos para dos
años.- Ellos se ocuparon de volver la
paja a su lugar y quedó el nido escondido, y sólo sabíamos cuatro.- En la casa antigua de mi abuelo, que servía
de granero, según sus apreciaciones había grano para vivir varios años, si es
que la guerra duraba tanto.- Las
tierras arrendadas eran muy productivas y estaban bien labradas.- Si a esto se le añade que unas cincuenta
fanegas de trigo del granero eran para pagar las rentas, cuando los señoritos
dueños del terreno las reclamaran.-
Una de las tardes que nos
reunimos en la plaza la banda de los niños, porque cada día se agregaban más,
algunos como José Músico, con unos catorce años.- Decidimos ir a conocer lo que era un
economato.- Estaba cerca, porque era en
la desalojada iglesia del pueblo, ya sin símbolos religiosos, quemados por los rojos.- Llegamos a la puerta del edificio y no había
nadie.- Yo iba mucho a la iglesia con mi
abuela y lo conocía todo.
Los niños no éramos responsables, porque no teníamos edad para enjuiciar nuestros actos.- Así que nos colamos en tromba en la iglesia y
recorrimos todo, hasta la sacristía.-
Todo lleno de granos de todas clases (semillas).- Había también camas, colchones de bonitos colorines,
que yo nunca había visto, sillas de lujo, y cantidad de mobiliario que nos
dejaba asombrados porque solo conocíamos el mobiliario de los pobres.- Yo había visto en el cortijo del Río algo de
aquello.- Como teníamos tierras en el llano de la barca, al otro lado del río,
yo pasaba por el vado y me iba al cortijo a ver una mona de los señoritos.-
Estábamos entusiasmados admirando muchas cosas desconocidas por casi
todos, cuando se produce un ruido a la entrada de la puerta, empezaron a
hacerse una piña pensando en las represalias de las huestes del Tuerto.- Yo conocía la sacristía y salí corriendo
hacia la puerta trasera que había.- Pero
el cerrojo era gordo y estaba duro para nuestras pequeñas fuerzas.- José el Músico, su hermano Frasco Estroza y
yo nos cogimos al cerrojo y lo fuimos cediendo poco a poco, con ruido chirriante.- Por fin la libertad cuando salimos al
callejón de los Piquitos.- Antonio
Piquito sentado en la puerta de su casa nos dijo que corriéramos, como os
pillen os ponen el culo caliente y se reía de la niñada nuestra.- Demetrio estaba también con su tío y se unió
a la pandilla para correr hacia la Fuente del Medio.-
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