EL ROBIN HOOD DE LAS FUENTES
En cada pueblo donde están representadas las llamadas fuerzas civiles
de la República, hay un jefe que organiza a las huestes.- En las Fuentes de Cesna estaba como jefe el
denominado Tuerto, alias que le venía por faltarle un ojo, se cuenta de
accidente.- Es un hombre nacido y criado
en el pueblo, casado y con hijos ya mayores, y se dice que también tienes
nietos.- Se le calcula una edad de
cincuenta años, de complexión fuerte, sobre uno setenta de estatura, parecía de
buen carácter y con amistades en el pueblo.-
Ahora es odiado por la mitad de los ciudadanos.- Porque se portaba como un matón de feria.-
Ha pretendido convertirse en el Robinson inglés, robando a los ricos
para dar de comer a los pobres, pero este Robinson robaba a los pobres, asaltaba y saqueaba diligencias para repartir entre los pobres.- Pero nunca podrá ser un Robinson Hood ni El Tempranillo, porque no es para
los pobres, es para los rojos.- Aquellos
lo hacían con sentimientos de caridad, éste con sentimientos radicales de
ideales políticos y añadida venganza personal.- Y nada de dar, sí robar a los
pobres también, lo mismo que a los ricos.-
El
Tuerto en unión de sus esbirros ha recorrido el término municipal.- Ha saqueado todos los cortijos y casas de
campo, dejándoles sin nada para subsistir, como granos (semillas de todas
clases), matanzas y ganado.- Y de paso armas, dinero y objetos de
valor.- Pero no se lo ha dado a los
pobres, los pobres siguen siendo pobres, y seguirán siendo,. Se nace rico o se nace pobre por antecedentes
económicos familias, y se sigue la misma tendencia, salvo excepciones.-
El
Tuerto estaba echando chispas por su único ojo sano desde la tarde que se
escapó el ganado de la alameda de la Fuente de En medio.- Una buena parte del ganado se fue directo a la
casa que pertenecía, de donde lo robaron.-
Los animales tienen grandes instintos y regresan a la casa o tierras
donde se criaron.-
Después de cenar nos reuníamos los chicos un rato a jugar, a la luz de
la luna, en el Llanillo esquina a la casa, entre la de los remigios y la de mi
abuelo.- El Llanillo le llamábamos a una
pequeña explanada en la esquina de la casa de mi abuelo, que estaba llana, y de
absoluta propiedad de la casa de don Félix.-
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