UNA RIÑA ENTRE
SOCIOS
La amalgama
de marxistas y no marxistas, radicales y menos radicales en que se había
convertido la casa del pueblo del marxismo, era apabullante, intolerante hasta
para sus propios socios.- No pasaba día
sin que tuvieran discusiones, improperios, desavenencias, intolerancias
insultantes, y algún motín entre los tan bien avenidos marxistas.- Eso de socialistas, comunistas, republicanos
de centro y de izquierdas, anarquistas, trokistas y más istas, todos bajo el
mando de una sola jefatura, que no vía más allá de las narices, no acababa de
encajar y serenar las aguas muy revueltas marxistas y menos marxistas.-
Solo tenían
una sola cosa en común, a la hora del saqueo, del mal trato, de la persecución,
del presunto ajusticiamiento a su manera (¿asesinato?), de la destrucción del
sistema establecido, de la Ley, del orden, de la propiedad privada, del derecho
a la libertad, todos a una, como los de Fuenteovejuna.- Algo es algo, cuando la destrucción es la
meta.- Más de media población española
estaba perseguida por presuntos ricos, por derechistas, por religiosos, por
antimarxistas, por trabajadores, por creadores de riquezas, por defensa de los
derechos humanos y, cómo no, también, por defensa del orden establecido antimarxista.-
Para
escuchar lo que estaba pasando respecto a la persecución, bastaba oír a Queipo
de Llano por las noches, desde la ciudad sevillana que, aunque no se expresaba
en andaluz, sacaba a relucir tantas verdades, como las que estábamos viendo
diariamente en la vida cotidiana impuesta a golpe de dictadores marxistas.- En cada ciudad, en cada pueblo, en cada
rincón de la desmembrada Patria; había luto, había lágrimas, había dolor, había
hambre, había resentimiento, había odio, había venganzas, había expolios, había
saqueos, había extorciones y ambiciones.-
Con este panorama nacional, consecuencia del desequilibrio ordenante y
desordenado, entrábamos los españoles a enfrentarnos cara a cara, a tortazo
limpio, para dilucidar quienes de las dos Españas tenía razón, si la fuerza de
la razón o la razón de la fuerza.- Un
contencioso demasiado largo, demasiado sangriento.- La guerra maldita, en todas las familias
había problemas.-
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