domingo, 20 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


                                         UNA RIÑA ENTRE SOCIOS
                    La amalgama de marxistas y no marxistas, radicales y menos radicales en que se había convertido la casa del pueblo del marxismo, era apabullante, intolerante hasta para sus propios socios.-   No pasaba día sin que tuvieran discusiones, improperios, desavenencias, intolerancias insultantes, y algún motín entre los tan bien avenidos marxistas.-  Eso de socialistas, comunistas, republicanos de centro y de izquierdas, anarquistas, trokistas y más istas, todos bajo el mando de una sola jefatura, que no vía más allá de las narices, no acababa de encajar y serenar las aguas muy revueltas marxistas y menos marxistas.-
                    Solo tenían una sola cosa en común, a la hora del saqueo, del mal trato, de la persecución, del presunto ajusticiamiento a su manera (¿asesinato?), de la destrucción del sistema establecido, de la Ley, del orden, de la propiedad privada, del derecho a la libertad, todos a una, como los de Fuenteovejuna.-  Algo es algo, cuando la destrucción es la meta.-  Más de media población española estaba perseguida por presuntos ricos, por derechistas, por religiosos, por antimarxistas, por trabajadores, por creadores de riquezas, por defensa de los derechos humanos y, cómo no, también, por defensa del orden establecido antimarxista.-

                      Para escuchar lo que estaba pasando respecto a la persecución, bastaba oír a Queipo de Llano por las noches, desde la ciudad sevillana que, aunque no se expresaba en andaluz, sacaba a relucir tantas verdades, como las que estábamos viendo diariamente en la vida cotidiana impuesta a golpe  de dictadores marxistas.-  En cada ciudad, en cada pueblo, en cada rincón de la desmembrada Patria; había luto, había lágrimas, había dolor, había hambre, había resentimiento, había odio, había venganzas, había expolios, había saqueos, había extorciones y ambiciones.-        Con este panorama nacional, consecuencia del desequilibrio ordenante y desordenado, entrábamos los españoles a enfrentarnos cara a cara, a tortazo limpio, para dilucidar quienes de las dos Españas tenía razón, si la fuerza de la razón o la razón de la fuerza.-  Un contencioso demasiado largo, demasiado sangriento.-  La guerra maldita, en todas las familias había problemas.-

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