domingo, 20 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


                                        LA BAJADA A LA CUEVA DE LOS PERDIDOS
En presencia del tío Pepico, que me vigilaba sentado en el vuelo del tajo, yo empecé a bajar un caminito de cabras, que parecía picado adrede en la roca por el esfuerzo humano, con sus pequeños escalones y unos salientes para agarrarse en la parte de dentro.-  Yo iba de espaldas al vacío, porque mirar a un kilómetro a tajo cortado era demasiado fuerte al principio.-  Continuaba despacio y pegado a la roca como una lapa, con la talega colgada a la espalda, que llevaba comida para mi abuelo para varios días, si llegaba con vida para contarlo.-
Los alrededor de doscientos metros de camino estrecho y resbaladizo por la roca, en una tarde de sol abrazador que pegaba en la roca, cantando las chicharras con alegría infinita, pegadas a cualquier parte de los salientes del tajo de la Villa Vieja, me ponían los nervios a punto de estallar.-  Pero era la vida la que estaba en juego si me desmoronaba.-   No sé el tiempo transcurrido, solo oía a las chicharras, un brisa de aire caliente que quemaba la piel, y los consejos del tío Pepico que se quedó arriba mirando mi bajada.-  hasta que por fin me encontré con la boca de una cueva en la que entré como si se tratara de mi única salvación.-
Me invadió el olor a humedad que salía por la boca de la cueva y me vi cogido por los brazos de mi abuelo para que no cayera hacia atrás.-  Nuestro abrazo no pude saber lo que duró, porque los dos seguimos abrazados y llorando al unísono.-  Había agua a la entrada y mi abuelo me llevó hacia la plataforma donde dormía, aislada del agua.-  Con el calor que pasé, me hizo mucho bien la humedad al principio, pero al tiempo me empezó a dar frío y mi abuelo me lió en una manta.-  Me imaginé el frío que pasaría allí mi abuelo con aquella humedad.-
Cuando dejamos de llorar los dos, tuve que leerle unos periódicos que llevaba; entre las noticias venía la entrada de las tropas nacionales a la ciudad de Loja, los partes de Queipo de Llano en la radio de Sevilla, y contarle lo que decía Pío de la guerra.-  Las cosas se les estaban poniendo mal a los rojos, porque algunos camiones de tropas viajaban carretera adelante hacia Algarinejo.-  Y una vez tomado Algarinejo, las Fuentes eran pan comido, digo yo, porque solo había escopeteros, malos en conciencia, pero inexpertos en guerras.-   Pasé toda la terde con mi abuelo en la cueva y Pepico de cabrero.-

      De todas formas las cabras me vieron bajar y de allí no van a mover hasta que yo vuelva arriba.-  Me despedí del abuelo y comencé el ascenso, que era más fácil, aunque yo estaba acostumbrado a cruzar el Tajo de las Fuentes por el Saltillo.

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