LA CUEVA DE LOS PERDIDOS
Esta cueva, situada a unos doscientos
metros en pleno corte vertical del tajo de la Villa Vieja (altura del tajo,
media de un kilómetro), desde arriba no se ve la entrada y desde abajo
representa el hueco de una pequeña ventana, como existen infinidad de huecos
visibles desde abajo, donde los grajos, buitres, las primillas, los mochuelos,
lechuzas e infinidad de depredadores voladores conviven.- Aquí hacen sus nidos, desde aquí vigilan a
sus presas, y desde aquí se lanzan en vuelo rápido y eficaz por la presa que
cruza sus dominios.- O de las presas que
allá abajo, a casi un kilómetro de distancia, salen de sus agujeros a buscar su
alimento.- Esta es la visibilidad desde
arriba, muy imponente para bajar sin defensas.-
Mi tío Pepico que ha nacido y vivido toda su vida en el cortijo de Portunencias,
a menos de quinientos metros del tajo, me cuenta que el nombre de de cueva de
los perdidos se le llama desde que él tiene uso de razón y lo oía de sus
antepasados.- Allí se han ocultado
bandoleros, huidos de la justicia, huidos como mi abuelo. de desalmados rojos
que se quieren tomar la justicia por su mano.-
Allí estuvieron escondidos algunos cortijeros que los perseguían.-
Yo recuerdo, ya en mi adolescencia, que un tal individuo que le
llamaban en el pueblo Chirola como ‘’alias’’, ladronzuelo de poca monta, era
perseguido por la justicia y este era su escondite: la cueva de los
perdidos.- Traía a la guardia civil en
jaque, porque aparecía y desaparecía sin dejar rastro, y no podían darle caza.-
A la
cueva se entraba por un estrecho caminito de cabras, desde arriba o desde
abajo.- Desde arriba se bajaban poco más
de doscientos metros con mucha precaución para no despeñarse.- Desde abajo había más de medio kilómetro,
tajo arriba, con mucho riesgo para escalarlo hasta la cueva.- Pero el tío Pepico me decía que él en su
niñez lo subía y lo bajaba y que el camino pasa por varias cuevas muy
pequeñas, donde él y sus hermanos cazaban animales de presa.- Allí, en aquella famosa cueva estaba mi
abuelo escondido.- -Él no la conocía,
pero el tío Pepico lo llevó y le enseñó el camino.- Nadie lo encontraría allí, ni le faltaba agua
que tenia dentro una fuente.- Nunca me
expliqué como había bajado hasta la cueva mi abuelo, con sus más de sesenta
años y sus dolidos huesos.
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