domingo, 20 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


                                                          LA CUEVA DE LOS PERDIDOS
Esta cueva, situada a unos doscientos  metros en pleno corte vertical del tajo de la Villa Vieja (altura del tajo, media de un kilómetro), desde arriba no se ve la entrada y desde abajo representa el hueco de una pequeña ventana, como existen infinidad de huecos visibles desde abajo, donde los grajos, buitres, las primillas, los mochuelos, lechuzas e infinidad de depredadores voladores conviven.-  Aquí hacen sus nidos, desde aquí vigilan a sus presas, y desde aquí se lanzan en vuelo rápido y eficaz por la presa que cruza sus dominios.-  O de las presas que allá abajo, a casi un kilómetro de distancia, salen de sus agujeros a buscar su alimento.-  Esta es la visibilidad desde arriba, muy imponente para bajar sin defensas.-
Mi tío Pepico que ha nacido y vivido toda su vida en el cortijo de Portunencias, a menos de quinientos metros del tajo, me cuenta que el nombre de de cueva de los perdidos se le llama desde que él tiene uso de razón y lo oía de sus antepasados.-  Allí se han ocultado bandoleros, huidos de la justicia, huidos como mi abuelo. de desalmados rojos que se quieren tomar la justicia por su mano.-  Allí estuvieron escondidos algunos cortijeros que los perseguían.-
Yo recuerdo, ya en mi adolescencia, que un tal individuo que le llamaban en el pueblo Chirola como ‘’alias’’, ladronzuelo de poca monta, era perseguido por la justicia y este era su escondite: la cueva de los perdidos.-  Traía a la guardia civil en jaque, porque aparecía y desaparecía sin dejar rastro, y no podían darle caza.-
                        A la cueva se entraba por un estrecho caminito de cabras, desde arriba o desde abajo.-   Desde arriba se bajaban poco más de doscientos metros con mucha precaución para no despeñarse.-  Desde abajo había más de medio kilómetro, tajo arriba, con mucho riesgo para escalarlo hasta la cueva.-  Pero el tío Pepico me decía que él en su niñez lo subía y lo bajaba y que el camino pasa por varias cuevas muy pequeñas, donde él y sus hermanos cazaban animales de presa.-    Allí, en aquella famosa cueva estaba mi abuelo escondido.-  -Él no la conocía, pero el tío Pepico lo llevó y le enseñó el camino.-  Nadie lo encontraría allí, ni le faltaba agua que tenia dentro una fuente.-  Nunca me expliqué como había bajado hasta la cueva mi abuelo, con sus más de sesenta años y sus dolidos huesos.



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