domingo, 20 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA



                                     EL SAQUEO LLEGÓ A CASA TAMBIÉN
Mi abuelo y yo dormíamos en la puerta de la casa, en un catre con cuerdas, que a veces se clavaban en la espalda.-  Hacían grandes calores y el viejo mulo y las cabras había que sacarlas a la calle para que no murieran dentro asfixiadas.-  A mi me servía para dormir con mi abuelo, que me enseñaba todas las noches mucho sobre las estrellas.-  Yo conocía cuando asomaba el carro, el lucero del alba, las cabrillas, ciertas estrellas como la Polar y otras importantes.-  Era fascinante, porque luego lo leía yo en la enciclopedia de Dalmau Carles.-
Me pasaba toda la madrugada mirando al cielo y escuchando a mi abuelo describirme el movimiento de las estrellas.-  A él se lo enseñó un oficial del Ejército en la guerra de África, cuando dormían en el frente.-  En esa guerra fue donde perdió la audición por la explosión de una bomba, que también lo hirió gravemente y estuvo a punto de morir.-  Me contaba  la osadía de la guerra.-
Era ya casi de día, las cabrillas y los Astilejos en medio del cielo.-  El lucero de noche tratando de desaparecer por el horizonte del oeste.-  El lucero del alba subía por el horizonte del este, Arrastrando tras de sí las claras del nuevo día.-  Era la hora de levantarse mi abuelo, aparejar el mulo y echarle las aguaderas para acarrear agua antes de que nos fuéramos con los animales.-

Se oía ruido abajo en la calle, conversaciones de mucha gente, ruido de ruedas de carros y resoplidos de caballerías.-  Yo me bajé de la cama y me vestí, asomándome por la leñera para ver que pasaba.-  La leñera estaba junto a la cama y consistía en toda la leña que mi abuelo traía para pasar el invierno, y para que se pudiera guisar en casa, con gordos palos de la tala de los olivos de Cesna.-   Lo que estaba viendo desde  mi observatorio no me gustaba, es más me puso sobre aviso de que algo raro estaba pasando o de que iba a pasar.-  Había, al menos media docena de hombres con escopetas alrededor de varios carros.-  Ya era casi de día y se distinguían las gentes, y yo distinguí al Tuerto y otros hombres que venían hacia la casa.-  Corrí hasta mi abuelo y le señalé que mirara.-  Era El Tuerto, alma en pena, orgulloso de sí mismo, gran político, mejor economista, el señor de las Fuentes, dueño vidas  haciendas, como en los tiempos de reyes y plebeyos.  Un virrey en tiempos de República.-  Los ciudadanos de este pueblo en sus manos y las haciendas calcinadas por el fuego.-   Todo el Término para las necesidades de pobres, de necesitados, de olvidados de la fortuna.-   Un buen hombre para un buen equipo, son tal para cual, por eso se buscan y se ayudan en las circunstancias perversas.-  A las Fuentes asoman de vez en cuando infinidad de barbas del equipo.-

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