EL SAQUEO LLEGÓ A CASA TAMBIÉN
Mi abuelo y yo dormíamos en la puerta de la casa, en un catre con
cuerdas, que a veces se clavaban en la espalda.- Hacían grandes calores y el viejo mulo y las
cabras había que sacarlas a la calle para que no murieran dentro asfixiadas.- A mi me servía para dormir con mi abuelo, que
me enseñaba todas las noches mucho sobre las estrellas.- Yo conocía cuando asomaba el carro, el lucero
del alba, las cabrillas, ciertas estrellas como la Polar y otras importantes.- Era fascinante, porque luego lo leía yo en la
enciclopedia de Dalmau Carles.-
Me pasaba toda la madrugada mirando al cielo y escuchando a mi abuelo
describirme el movimiento de las estrellas.-
A él se lo enseñó un oficial del Ejército en la guerra de África, cuando
dormían en el frente.- En esa guerra fue
donde perdió la audición por la explosión de una bomba, que también lo hirió
gravemente y estuvo a punto de morir.-
Me contaba la osadía de la guerra.-
Era ya casi de día, las cabrillas y los Astilejos en medio del
cielo.- El lucero de noche tratando de
desaparecer por el horizonte del oeste.-
El lucero del alba subía por el horizonte del este, Arrastrando tras de
sí las claras del nuevo día.- Era la
hora de levantarse mi abuelo, aparejar el mulo y echarle las aguaderas para
acarrear agua antes de que nos fuéramos con los animales.-
Se oía ruido abajo en la calle, conversaciones de mucha gente, ruido de
ruedas de carros y resoplidos de caballerías.-
Yo me bajé de la cama y me vestí, asomándome por la leñera para ver que
pasaba.- La leñera estaba junto a la
cama y consistía en toda la leña que mi abuelo traía para pasar el invierno, y
para que se pudiera guisar en casa, con gordos palos de la tala de los olivos
de Cesna.- Lo que estaba viendo
desde mi observatorio no me gustaba, es
más me puso sobre aviso de que algo raro estaba pasando o de que iba a
pasar.- Había, al menos media docena de
hombres con escopetas alrededor de varios carros.- Ya era casi de día y se distinguían las
gentes, y yo distinguí al Tuerto y otros hombres que venían hacia la
casa.- Corrí hasta mi abuelo y le señalé
que mirara.- Era El Tuerto, alma en
pena, orgulloso de sí mismo, gran político, mejor economista, el señor de las
Fuentes, dueño vidas haciendas, como en
los tiempos de reyes y plebeyos. Un
virrey en tiempos de República.- Los
ciudadanos de este pueblo en sus manos y las haciendas calcinadas por el
fuego.- Todo el Término para las
necesidades de pobres, de necesitados, de olvidados de la fortuna.- Un buen hombre para un buen equipo, son tal
para cual, por eso se buscan y se ayudan en las circunstancias perversas.- A las Fuentes asoman de vez en cuando
infinidad de barbas del equipo.-
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