OPERACIÓN SAQUEO
Estaba a punto de salir el sol.-
Todos estábamos llorando, menos los pequeños que estaban durmiendo.- Mi
madre subió al piso de arriba (cámara), a dar vuelta a los chicos.- Mientras aproveché la ocasión para evadirme y
llegar donde mis abuelos.- Yo era
práctico en salir de casa.- Mi abuelo me
abrazó como queriendo protegerme.-
Dentro de la casa estaban los barbudos llenando sacos de trigo, y el
Tuerto en el dintel de la puerta con un hueso de jamón y un cuchillo, apurando
todo lo bueno que tenía.- Mi abuela lo
maldecía y los maldecía a todos entre llantos e hipos.- Ellos se reían, y el Tuerto
se burlaba.- A mi abuelo lo tenían encañonado los esbirros que
tenía al lado y se burlaban de él.- Ti hijo estará haciendo igual, Ana.-
A mí se me subió la sangre a la cabeza, era demasiado fuerte aquello
para un chico de mi edad.- Como una pesadilla macabra, que aún recuerdo, que me
llevará a la tumba y la tendré presente de por vida.- Mi abuela le decía al Tuerto que no tenia
conciecia dejando a cuatro niños sin pan ni nada que comer, y a dos viejos y
una madre desesperada por no tener que darles de comer.- Somos siete personas y no tenemos nada más
que lo que hay dentro de esa casa, fruto de nuestro trabajo durante un año y tú
lo sabes bien.- Deberías tener
conciencia y dejar para alimentar a estos niños.- Pregúntale donde tiene la conciencia tu hijo
cuando venga.- Y donde la religión, porque ayudó a quemar la Iglesia.- Mi abuelo no se enteró de nada.- La risa fue la respuesta de
todas aquellas gentes sin alma ni conciencia, mientras unos bajaban sacos
llenos y los cargaban en los carros y otros subían a llenar los vacíos.- Habían terminado de bajar el trigo y subieron
a las cámaras y se llevaban los garbanzos y unos sacos de lentejas que quedaban.-
El Tuerto salió y le dijo a mi abuela que le dejaba las habas y la
cebado para los animales, y unos cuantos sacos de trigo y algo de
garbanzos.- Como para darle las gracias
por su generosidad.- Estaba muy cerca de mí, y me lancé a darle patadas en las
espinillas y a decirle canalla, canalla.-
Me pegó en el cuello con la culata de la escopeta y perdí el
conocimiento.- Desde entonces me duelo
de mis cervicales.- Pero mi abuelo,
cuando me vio en el suelo me creyó muerto, se lanzó a la leñera y le dio con un
palo en la cabeza al Tuerto y lo tiró al suelo también y acto seguido se metió
en la cuadra y echó el cerrojo por dentro.-
Esperaba que le dispararan y lo mataran allí mismo.- Pegarle al Tuerto era pegar al virrey, y
pegarle a un niño de nueve años con la culata de una escopeta y matarlo no tiene
importancia.- Porque yo estuve muerto
muchas horas, según mi abuela.- ¡¡Maldito rojo, dijo mi abuelo desde la
cuadra¡¡
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