domingo, 20 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA



                                                        OPERACIÓN SAQUEO 
Estaba a punto de salir el sol.-  Todos estábamos llorando, menos los pequeños que estaban durmiendo.- Mi madre subió al piso de arriba (cámara), a dar vuelta a los chicos.-  Mientras aproveché la ocasión para evadirme y llegar donde mis abuelos.-  Yo era práctico en salir de casa.-  Mi abuelo me abrazó como queriendo protegerme.-  Dentro de la casa estaban los barbudos llenando sacos de trigo, y el Tuerto en el dintel de la puerta con un hueso de jamón y un cuchillo, apurando todo lo bueno que tenía.-  Mi abuela lo maldecía y los maldecía a todos entre llantos e hipos.- Ellos se reían, y el Tuerto se burlaba.- A mi abuelo lo tenían encañonado los  esbirros que  tenía al lado y se burlaban de él.- Ti hijo estará haciendo igual, Ana.-

A mí se me subió la sangre a la cabeza, era demasiado fuerte aquello para un chico de mi edad.- Como una pesadilla macabra, que aún recuerdo, que me llevará a la tumba y la tendré presente de por vida.-  Mi abuela le decía al Tuerto que no tenia conciecia dejando a cuatro niños sin pan ni nada que comer, y a dos viejos y una madre desesperada por no tener que darles de comer.-  Somos siete personas y no tenemos nada más que lo que hay dentro de esa casa, fruto de nuestro trabajo durante un año y tú lo sabes bien.-  Deberías tener conciencia y dejar para alimentar a estos niños.-  Pregúntale donde tiene la conciencia tu hijo cuando venga.- Y donde la religión, porque ayudó a quemar la Iglesia.-  Mi abuelo no se enteró de nada.-                  La risa fue la respuesta de todas aquellas gentes sin alma ni conciencia, mientras unos bajaban sacos llenos y los cargaban en los carros y otros subían a llenar los vacíos.-  Habían terminado de bajar el trigo y subieron a las cámaras y se llevaban los garbanzos y unos sacos de lentejas que  quedaban.-  El Tuerto salió y le dijo a mi abuela que le dejaba las habas y la cebado para los animales, y unos cuantos sacos de trigo y algo de garbanzos.-   Como para darle las gracias por su generosidad.- Estaba muy cerca de mí, y me lancé a darle patadas en las espinillas y a decirle canalla, canalla.-  Me pegó en el cuello con la culata de la escopeta y perdí el conocimiento.-  Desde entonces me duelo de mis cervicales.-   Pero mi abuelo, cuando me vio en el suelo me creyó muerto, se lanzó a la leñera y le dio con un palo en la cabeza al Tuerto y lo tiró al suelo también y acto seguido se metió en la cuadra y echó el cerrojo por dentro.-  Esperaba que le dispararan y lo mataran allí mismo.-  Pegarle al Tuerto era pegar al virrey, y pegarle a un niño de nueve años con la culata  de una escopeta y matarlo no tiene importancia.-   Porque yo estuve muerto muchas horas, según mi abuela.- ¡¡Maldito rojo, dijo mi abuelo desde la cuadra¡¡

No hay comentarios:

Publicar un comentario