sábado, 19 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


                                                  AQUELLA NOCHE EN LO DE PÍO
Cuando acabó el parte Quiepo y también el de Valencia, los hombres se quedaron comentando la guerra y yo me fui a la cocina con los niños.-  María me preguntó que porque estaba triste, le contesté que me dolía la cervical, ya que ella lo sabía lo del golpe que me dio el Tuerto con la culata de la escopeta.-  La madre que estaba en la cocina, dice:  anda María, dale un masaje, le dio un bote de alcohol.-  Pero a pesar de que reconfortó, mi procesión iba por dentro.-  Mis pensamientos estaban  en el cementerio.-  Tuve suerte de venirme antes de que disparan para no ver lo ocurrido, porque una cosa es imaginar y otra ver.-  Varios días ví a José también un poco triste, el hermano no, porque decía la madre que no tenía sentido.-
Mientras que estuvieron los rojos en las Fuentes, solo se reunían a escuchar la radio, el abuelo, Pío y Manoliche.-  Pero tenían que ponerlo muy bajito para que desde la calle no se oyera, porque era peligroso con los rojos en la plaza.-  El abuelo no se enteraba de nada, pero aunque hubiera estado muy alto de voz tampoco se habría enterado.-  Él iba para que yo oyera y luego se lo contara.-
Nos llevábamos los periódicos y se los leía en casa.-  Allí mientras los dos hombres dialogaban, Manoliche y Pío, yo leía algunas cosas y tomaba nota de ellas en papel de estraza  que me daba Antonia, del que liaba los mandados en la tienda.-  No podíamos comprar ni libretas.-  Los lápiz me los regalaba Pío o su mujer.-  Así era la vida en plena guerra, sometidos a la tiranía y el expolio de los dueños del pueblo, que ellos mismos se denominaban rojos y que todos los medios informativos les daban el calificativo de zona roja o zona nacional.-  Rojos o nacionales.-  No sé cómo serán los nacionales, los rojos sí.-

Más de una vez me pregunté, en vista de el trato humano que tenían con los demás seres, vecinos, conocidos, e incluso antes amigos y ahora considerados enemigos, que en vez de rojos como aparecían en los medios, les llamaran hermanas de la caridad.-  Me prometí no volver a ir al cementerio más cuando fueran esta gente, que es posible que no sea la última vez.-  Me afectó demasiado.-  Igual me Pasó cuando, estando con las cabras en el Llano de las Chozas en un rastrojo, muy cerca, unos escopeteros pegaron fuego a un sembrado.-  No podía ver esas barbaridades, no entendía por qué los hombres mayores son malos y hacen daño, y matan y roban y hacen atrocidades y después tan frescos.-

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