EL
RECIBIMIENTO DE LOS VECINOS
Cuando
volvíamos por el camino de las Chozas, podíamos ver en la puerta de casa mucha
gente.- Si no se hubieran ido los rojizos,
ya estaríamos asustados.- Al llegar al
barranco del Tekar nos estaba esperando mi abuela, que nos vio venir por las Chokas.- Mis abuelos se abrazaron llorando y yo seguí
el camino y los dejé solos.- Ya había
llorado baste desde la mañana, y estaba a punto de volver hacerlo.- Caminé sumido en mis propios pensamientos,
pensando en todo y en nada, porque tenía un tremendo lío en el cerebro, con
muchas cosas incomprensibles.-
Me dolían las cervicales y no podía mirar a
los lados.- Me sacaron de mis pensamientos
mi madre que me esperaba en lo alto de la haza de Toskaos, cerca de nuestra zakurda.- Como mi abuelo me decía Tillo, el Estroka me
decía Pillo y me echaba los brazos en plan
de amigos.- Pero yo estaba casi siempre
cansado y dolorido de mi cervicales.-
En la
puerta estaba las vecinas más queridas, con
sus cachorros pequeños, listos siempre a enseñarnos los mocos y
limpiárselos en la manga del babero.-
Era la edad, porque tenían siempre un brillo moquero en las mangas. Se me fue la pena que tenía y me metí en el
mundo de los niños, que con su media lengua me explicaba cosas, en realidad yo
aún me consideraba niño.- Un niño que a
los nueve años empezó a vivir las peripecias de un mundo que no era el mío, de
unas vivencias que apenas entendía, pero a las que tuve que acostumbrarme y
asimilarlas.-
Por
fin llegó mi madre y mis abuelos, las vecinas estaban emocionadas, abrazaban a
mi abuelo, y digo solo las vecinas porque en las Fuenkes casi no había hombres,
y en la vecindad del barrio solo uno.-
Le llamaban el Formakón (nunca supe su nombre).- Sus hijos estaban en la guerra, Jukián, Berkardo,
Marciano, peker y los demás, cuyos nombres no recuerdo.- En la puerta de la calle había un jaleo de
gente, que iba creciendo, contaban lo que sabían de los rojizos, de los
nacionales que llegaron anoche.- Que han
dado un bando para que a partir de mañana habrá comedores para los niños al
salir del colegio. Las cosas parece que
estaban cambiando y los niños del pueblo eran todos iguales, independientemente
de la política de los padres y de sus familias.
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