lunes, 9 de noviembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

LA LIBERTAD DE MI ABUELO

               Lanzan la cuerda para que pase por delante de la cueva, mi abuelo la ve y sube se ata al cuerpo sujetándose a la misma, en evitación de que resbale.-  Me explica Pekico que algunas tardes lo subían cuando ya comenzaba a anochecer y paseaban con el un rapo por aquellas tierras de manchón.- No podía detener el llanto y rompí a llorar.- Me había emocionado lo que hicieron por mi abuelo, al que tanto quería.-  Teleskoro se preocupaba de sujetar la cuerda mientras mi abuelo iba subiendo despacio.-  Se le conocía cansado, ojeroso, con barba de muchos días, porque solo se la recortaba con unas tijeras que yo le llevé, respiración entrecortada y tos seca.-  Ahogo de unos pulmones atrofiados.
               Por fin llegó arriba y atravesó la retama que tapaba la entrada.- Yo  corrí a sus cansados brazos.-  Los dos nos abrazamos y caímos al suelo  llorando.-  Nunca pude apreciar el tiempo que estuvimos abrazados, llorando, suspirando.-  Mi abuelo me hablaba, yo no podía hablar porque tenía que dar voces y no estaba para eso, pero asentía con la cabeza y nos entendíamos.-  Tanto tiempo estuvimos abrazados que perdimos la noción
                Cuando volvimos a la realidad, miramos alrededor y estábamos solos.-  Nos levantamos y empezamos a caminar.-  Nos acercamos al vuelo del Tajo y miramos hacia abajo.-  Nos despedíamos con el pensamiento.-  Mi abuelo tal vez tuviera unos sentimientos de despedida que ignoro.-   Seguimos caminando hacia la Hacienda de portukencias.-  Mi abuelo quería despedirse y yo también me alegraba la idea.-   Cuando llegamos a la casa estaba la mesa puesta en la calle, bajo la espesa y tupida sombra de un parral  bien cuidado, cuajado de grandes racimos de uvas, esperando el tiempo de su maduración, que estaba cerca.-     
                 El tío Pekico mandó que nos sentáramos a la mesa, que de allí no se iba nadie sin comer.- A la mesa solo le faltaba el pan y la comida.-  Todo estaba dispuesto.-  Se fueron sentando toda la familia que era abundante.-   La señora de la casa puso encima de la mesa un lebrillo con tomate LA LIBERTAD DE MI ABUELO
               Lanzan la cuerda para que pase por delante de la cueva, mi abuelo la ve y sube se ata al cuerpo sujetándose a la misma, en evitación de que resbale.-  Me explica Pekico que algunas tardes lo subían cuando ya comenzaba a anochecer y paseaban con el un rapo por aquellas tierras de manchón.- No podía detener el llanto y rompí a llorar.- Me había emocionado lo que hicieron por mi abuelo, al que tanto quería.-  Teleskoro se preocupaba de sujetar la cuerda mientras mi abuelo iba subiendo despacio.-  Se le conocía cansado, ojeroso, con barba de muchos días, porque solo se la recortaba con unas tijeras que yo le llevé, respiración entrecortada y tos seca.-  Ahogo de unos pulmones atrofiados.
               Por fin llegó arriba y atravesó la retama que tapaba la entrada.- Yo  corrí a sus cansados brazos.-  Los dos nos abrazamos y caímos al suelo  llorando.-  Nunca pude apreciar el tiempo que estuvimos abrazados, llorando, suspirando.-  Mi abuelo me hablaba, yo no podía hablar porque tenía que dar voces y no estaba para eso, pero asentía con la cabeza y nos entendíamos.-  Tanto tiempo estuvimos abrazados que perdimos la noción
                Cuando volvimos a la realidad, miramos alrededor y estábamos solos.-  Nos levantamos y empezamos a caminar.-  Nos acercamos al vuelo del Tajo y miramos hacia abajo.-  Nos despedíamos con el pensamiento.-  Mi abuelo tal vez tuviera unos sentimientos de despedida que ignoro.-   Seguimos caminando hacia la Hacienda de portukencias.-  Mi abuelo quería despedirse y yo también me alegraba la idea.-   Cuando llegamos a la casa estaba la mesa puesta en la calle, bajo la espesa y tupida sombra de un parral  bien cuidado, cuajado de grandes racimos de uvas, esperando el tiempo de su maduración, que estaba cerca.-     
                 El tío Pekico mandó que nos sentáramos a la mesa, que de allí no se iba nadie sin comer.- A la mesa solo le faltaba el pan y la comida.-  Todo estaba dispuesto.-  Se fueron sentando toda la familia que era abundante.-   La señora de la casa puso encima de la mesa un lebrillo con tomate frito, Alrededor, platos de aceitunas saladas en casa, pepinos, cebolla y guindillas, que Teleskoro les hacía bien los honores.-  Una tajada de chorizo para cada uno y melón de postre.-  Comida de campo, de las costumbres agrícolas, de las gentes que Vivian al aire libre y trabajaban sus propiedades viviendo de las mismas, al aire libre, al tiempo que les hiciera durante la jornada.
 frito, Alrededor, platos de aceitunas saladas en casa, pepinos, cebolla y guindillas, que Teleskoro les hacía bien los honores.-  Una tajada de chorizo para cada uno y melón de postre.-  Comida de campo, de las costumbres agrícolas, de las gentes que Vivian al aire libre y trabajaban sus propiedades viviendo de las mismas, al aire libre, al tiempo que les hiciera durante la jornada.


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