LA LIBERTAD DE MI
ABUELO
Lanzan la cuerda para que pase
por delante de la cueva, mi abuelo la ve y sube se ata al cuerpo sujetándose a
la misma, en evitación de que resbale.- Me explica Pekico que algunas tardes lo subían
cuando ya comenzaba a anochecer y paseaban con el un rapo por aquellas tierras
de manchón.- No podía detener el llanto y rompí a llorar.- Me había emocionado
lo que hicieron por mi abuelo, al que tanto quería.- Teleskoro se preocupaba de sujetar la cuerda
mientras mi abuelo iba subiendo despacio.-
Se le conocía cansado, ojeroso, con barba de muchos días, porque solo se
la recortaba con unas tijeras que yo le llevé, respiración entrecortada y tos
seca.- Ahogo de unos pulmones
atrofiados.
Por fin llegó arriba y atravesó
la retama que tapaba la entrada.- Yo
corrí a sus cansados brazos.- Los
dos nos abrazamos y caímos al suelo
llorando.- Nunca pude apreciar el
tiempo que estuvimos abrazados, llorando, suspirando.- Mi abuelo me hablaba, yo no podía hablar
porque tenía que dar voces y no estaba para eso, pero asentía con la cabeza y nos
entendíamos.- Tanto tiempo estuvimos
abrazados que perdimos la noción
Cuando volvimos a la realidad, miramos
alrededor y estábamos solos.- Nos
levantamos y empezamos a caminar.- Nos
acercamos al vuelo del Tajo y miramos hacia abajo.- Nos despedíamos con el pensamiento.- Mi abuelo tal vez tuviera unos sentimientos
de despedida que ignoro.- Seguimos
caminando hacia la Hacienda de portukencias.-
Mi abuelo quería despedirse y yo también me alegraba la idea.- Cuando llegamos a la casa estaba la mesa
puesta en la calle, bajo la espesa y tupida sombra de un parral bien cuidado, cuajado de grandes racimos de
uvas, esperando el tiempo de su maduración, que estaba cerca.-
El
tío Pekico mandó que nos sentáramos a la mesa, que de allí no se iba nadie sin
comer.- A la mesa solo le faltaba el pan y la comida.- Todo estaba dispuesto.- Se fueron sentando toda la familia que era abundante.- La señora de la casa puso encima de la mesa
un lebrillo con tomate LA LIBERTAD DE MI
ABUELO
Lanzan la cuerda para que pase
por delante de la cueva, mi abuelo la ve y sube se ata al cuerpo sujetándose a
la misma, en evitación de que resbale.- Me explica Pekico que algunas tardes lo subían
cuando ya comenzaba a anochecer y paseaban con el un rapo por aquellas tierras
de manchón.- No podía detener el llanto y rompí a llorar.- Me había emocionado
lo que hicieron por mi abuelo, al que tanto quería.- Teleskoro se preocupaba de sujetar la cuerda
mientras mi abuelo iba subiendo despacio.-
Se le conocía cansado, ojeroso, con barba de muchos días, porque solo se
la recortaba con unas tijeras que yo le llevé, respiración entrecortada y tos
seca.- Ahogo de unos pulmones
atrofiados.
Por fin llegó arriba y atravesó
la retama que tapaba la entrada.- Yo
corrí a sus cansados brazos.- Los
dos nos abrazamos y caímos al suelo
llorando.- Nunca pude apreciar el
tiempo que estuvimos abrazados, llorando, suspirando.- Mi abuelo me hablaba, yo no podía hablar
porque tenía que dar voces y no estaba para eso, pero asentía con la cabeza y nos
entendíamos.- Tanto tiempo estuvimos
abrazados que perdimos la noción
Cuando volvimos a la realidad, miramos
alrededor y estábamos solos.- Nos
levantamos y empezamos a caminar.- Nos
acercamos al vuelo del Tajo y miramos hacia abajo.- Nos despedíamos con el pensamiento.- Mi abuelo tal vez tuviera unos sentimientos
de despedida que ignoro.- Seguimos
caminando hacia la Hacienda de portukencias.-
Mi abuelo quería despedirse y yo también me alegraba la idea.- Cuando llegamos a la casa estaba la mesa
puesta en la calle, bajo la espesa y tupida sombra de un parral bien cuidado, cuajado de grandes racimos de
uvas, esperando el tiempo de su maduración, que estaba cerca.-
El
tío Pekico mandó que nos sentáramos a la mesa, que de allí no se iba nadie sin
comer.- A la mesa solo le faltaba el pan y la comida.- Todo estaba dispuesto.- Se fueron sentando toda la familia que era abundante.- La señora de la casa puso encima de la mesa
un lebrillo con tomate frito, Alrededor, platos de aceitunas saladas en casa,
pepinos, cebolla y guindillas, que Teleskoro les hacía bien los honores.- Una tajada de chorizo para cada uno y melón
de postre.- Comida de campo, de las
costumbres agrícolas, de las gentes que Vivian al aire libre y trabajaban sus
propiedades viviendo de las mismas, al aire libre, al tiempo que les hiciera
durante la jornada.
frito, Alrededor, platos de aceitunas saladas en casa,
pepinos, cebolla y guindillas, que Teleskoro les hacía bien los honores.- Una tajada de chorizo para cada uno y melón
de postre.- Comida de campo, de las
costumbres agrícolas, de las gentes que Vivian al aire libre y trabajaban sus
propiedades viviendo de las mismas, al aire libre, al tiempo que les hiciera
durante la jornada.
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