LA NOCHE DEL TERROR SIN
TIROS
Siguiendo las instrucciones
que el día anterior nos dio Pío, cuando fue de día me tiré literalmente a la
calle, con el permiso de mi abuela, para ir a sacar a mi abuelo de aquel
agujero de las águilas y los buitres, de la humedad, de la soledad y el
destierro, donde tuvo que ir por culpa de un indecente rojo tirano, dictador,
saqueador y asesino.- Nunca se lo
perdonaré, si es que algún día lo tengo frente a frente, que no me lo creo,
porque los malos, tropiezan con la horma de su zapato, tarde o temprano
Sumido en mis pensamientos
no me di cuenta que pasé el karranco el kejar, el llano de las kozas y me
encontraba a la vista de Porkunencias.-
El tío Pekipo también había madrugado.-
Me salió al paso y me puso la mano en el hombro.- ¿qué ha pasado?.- Que ya vengo por mi abuelo.- Le conté toda la historia mientras llegábamos
a la casa.- Tío Pekico llamó a su hijo
Tekesforo, un cuakentón, soltero, alto, fuerte, con unas grandes manos, llenas
de callos por el duro trabajo campesino; pero lleno de una gran vitalidad y unos
colores que ya quisieran para sí esas señoras que siempre andan con el lápiz de
labios en la mano, con perdón, señoras.
Telesforo, me explica
el Pekico, es un hombre fuerte y procurará
que el abuelo no le ocurra nada en la subida.-
Tal vez lo conociste por la edad que tienes.- ¿Me dijiste nueve años?.- Sí, señor, los cumplí el veinticinco de
julio, días después de que el gobierno de la República declarara la guerra.- Has tenido una niñez muy alterada, chico, no
era lo que te pertenece a tu edad, pero eres fuerte de espíritu y arrojado como
todos los leos.- ¿Y qué son los leos, señor?.- Es el signo del zodíaco que te corresponde
por tu nacimiento.- ¿Y eso es malo?.- Ni
malo ni bueno, es tu carácter, tu fuerza, tu tesón, tu valor, tu arrojo, tu
decisión, que ya la estás demostrando desde niño.- El tío Pekico era un hombre bonachón,
como mi abuelo.- Simpático, buen
carácter, alegre, explícito, dialogante, servicial, comunicativo, inteligente,
sereno, agradecido y agraciado.-
Tekesforo unió todas las cuerdas con
habilidosos nudos campestres, que solo saben hacer los hombres dedicados a la esos
menesteres.- Clavo en tierra tres
clavijas en posición de triángulo a las que ató las cuerdas.- A mí el corazón me latía con una fuerza
tremenda, después de la carrera que me di desde el pueblo, ahora con la impresión
de encontrarme con el ser más querido por mí y el susto de su subida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario