EL CERRO DEL MURIANO
Queipo de Llano estaba esta noche lleno de gozo e iluminado para
repartir leña a los rojos.- El cerro del Mariano había pasado a poder de las
tropas nacionales al cabo de meses de cruentas luchas y derramar sangre de
inocentes, que no sabían ni por lo que luchaban.- Allá en los recónditos rincones de la
Alpujarra granadina, unas hordas marxistas se atrincheran en un lugar llamado
‘’Cerro Mariano’’.- Un terreno
privilegiado para no dejar subir a nadie sin morder el polvo.- Los marxistas decían que allí tenían que
morir todos los fascistas que subieran.-
Y en verdad que todos los que intentaban subir eran muertos.- Pero unos pocos inexpertos defendiendo un
cerro, rodeado por todas partes por un Ejército bien armado y decidido, tarde o
temprano serían aniquilados.-
Queipo esta noche está con muchos vientos, arremetiendo contra los rojos
llamados ‘’el triángulo de la muerte’’ en el
cerro Muriano.- Una columna de
los nacionales con el apoyo de artillería a logrado derrotar a las huestes marxistas.-
Hechos prisioneros los que no murieron, o los que no huyeron durante el
combate, la historia de el ‘’triángulo de la muerte’’ ha desaparecido
totalmente.- Los ciudadanos de los
alrededores que tenían que mantener ha dichas hordas y forzosamente ayudarles, han
descansado del terror que vivían.-
También dice Queipo que en el frente
de Madrid, los supervivientes del batallón de Largocanallero, están echando
cuentas de que es mejor los nacionales que volver al frente rojo.- El cerro Muriano lo tomaron los regulares, y
salían voces que decían, viva España, y los rojos contestaban: viva la
República.- Opiniones distintas, cruce
de balas, muerte de inocentes fanáticos.-
Ahora los galones se los pone Queipo y los muertos al hoyo, así es la
guerra de hermanos contra hermanos.-
El pueblo de Muriano fue
tomado por la valentía de los Regulares, que a la voz de adelante entraban en
el pueblo, y a las seis de la tarde la caballería nacional recorría las calles
del pueblo, según Ideal del día diez de septiembre de mil novecientos treinta y
seis.- Han muertos muchos hombres de
ambas partes.-
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