domingo, 20 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


                                                       ENTRE DOS FRENTES
                         Estábamos entre dos frentes, los unos que venían por la carretera y no podían pasar de la cochera de Pío, los otros que instalaron su cuartel general en la Fuente del Caño y no podían subir por el Hornillo, que decía el tío Basilio que era un hervidero de rojos barbudos, armados hasta los dientes.-  Las vecinas venían a la casa llorando, porque sus hijos estaban hambrientos y con sed.-  La abuela, que no podía ver esas cosas les daba un puñado de garbanzos y un cántaro de agua.-  El agua nos la traía Pio todos los días de la plaza, porque a él lo dejaban los rojos circular dentro de la ciudad, no obstante tenía prohibido salir fuera.-
                         Así pasábamos día y noche.-  Al lado de la casa había una plazoleta, que formaba parte del solar de la casa y de un huerto que teníamos por delante.-  A esa plazoleta le llamábamos el Llanillo, porque estaba llana.-  Allí nos entreteníamos los chiquillos jugando al hoyuelo o a la rayuela.-  Al lado vivían los Remigios, con una palva de niños que daba susto.-  La más pequeña, que se llamaba Clotilde era de mi edad, los demás todos mayores, incluidas dos mozas, ya mujeres que tenía, la María y la Josefa remigias.-  Otro hecho hombre era el José, esos tres estaban de criados en los cortijos, pero les pilló en casa el día de la guerra de los dos frentes en las Fuentes.-
                      Ya teníamos ganas de que entraran los nacionales al pueblo, haber si las cosas cambiaban un poco, pero las Fuentes tenían mala entrada, y costaba muchas vidas humanas lanzarse a tomar el pueblo a la desesperada.-  Pero los rojos, a pesar de estar rodeados por los nacionales, les quedaba una salida para huir, que era Cesna abajo, por donde nadie podía subir tampoco sin ser visto.-  Por otra parte, tenían una de las mejores fuentes de agua en la plaza y falta de agua no había ni para ellos ni para el pueblo.-  Dejaban que la gente fuera por agua a la plaza.- Los marxistas tenían la iglesia como economato, donde habían metido todo lo expoliado de los cortijos y también del pueblo, no les iba a faltar comida en algún tiempo.- 


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