EL
APOCALIPSIS FUENTEÑO
Ahora toda la vida del pueblo es un caos,
escopeteros por todas partes, los ciudadanos asustados, hambrienta más de la
mitad de la población, sin trabajo, sin dinero, sin existencias, sin libertad
para comprar o para moverse buscando hierbas en los campos para subsistir.- Los
que algo poseían para resistir el acoso del brazo largo de la guerra, les ha
sido presuntamente robado, a escopeta en mano.-
Es un milagro que varios meses se puedan resistir, teniendo en cuenta que
en todas las casa existen niños de corta y mediana edad, que no entienden de
nada, pero que necesitan prioritariamente alimentos o será tarde cuando les
lleguen.-
Los jinetes
del Apocalipsis se aproximan a lomos de sus tétricas monturas, inconfundibles,
inexorables, indestructibles visitando la mitad de los hogares de la
población.- La abuela a cortado las
dádivas limosneras, con dolor de su corazón, por orden de la sensatez y también
por concienciación de que nosotros nos podemos quedar a merced del los cuatro
jinetes, si el nido se queda vacío, así lo dijo madre.- Yo ya sabía cómo sacar cosas del nido.-
Pero hay
algo que tiene a la población muy disgustada, además del hambre, las
necesidades y la guerra.- Cómo se puede
entender que tengan los rojos la iglesia llena de alimentos, no importa de
dónde vinieron ni los métodos, y que media población coma a dos carrillos y la
otra media pase hambre.- Será verdad lo
de las dos Españas?, que también se le puede adjudicar a dos medios pueblos, a
dos medias ciudadanías y, en definitiva, dos valores humanos: Los buenos y los malos.-
Con el
decreto del gobierno de Madrid, en el que dice, todo es mío, se dice
todo.- Ha intentado terminar con las dos
Españas.- Una sola y es la que yo
gobierno y el que quiera comer que haga cola.-
Si queda para unas migajas no las negaremos, entre tanto que al que San
Juan se la de que San Pedro se la bendiga.-
Ya no hay que ir a los cortijos a pedir escopeta en mano.- Tampoco hay que ir a las eras cuando esté el
trigo limpio y amenazar con fusilarlos.-
Mucho menos hay que quemar las cosechas.-
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