IDEAL SEIS DE OCTUBRE 1936.-
Es terrorífico lo que trae hoy este periódico, en su páginas seis,
siete y doce.- En ciertas partes de
Andalucía, de Extremadura y los sitios dominados por el gobierno de Madrid, los
sacerdotes asesinados, y algunos crucificados en olivos, postes de teléfono y
de la electricidad, así como en las paredes de las iglesias,, conventos y
cementerios.- Con las bayonetas
mutilando varias partes de sus cuerpos.-
Cuando se lo dije a mi abuelo se estremeció y me hizo prometer que no se
lo diría a la abuela.- Mi abuelo se echó
a llorar y yo lo calmaba diciéndole que eso estaba lejos.-
Pero él me dijo que lo que temía es que mi padre estaba entre
ellos.- Pero él no hace esas canalladas
abuelo.- Mi padre es bueno y no puede
torturar y asesinar.- Que Dios te ayude
a conservar tu inocencia.- En la página
doce de el citado diario Ideal, relata las opiniones de la Prensa extranjera y
demás medios de difusión, que dice que el terror rojo se ha instalado en España
y que está cometiendo atrocidades pavorosas contra personas honradas, pacíficas
y sobre todo inocentes.-
Sobre todo los comunistas se están ensañando con los religiosos,
sometiéndolos a una peligrosa persecución que siempre acaba con la vida de
algunos.- Mi abuelo me dice que hemos
tenido suerte de que los rojos huyeran de las Fuentes y no volvieran más.- De haber tardado más tiempo la falange en
tomar el pueblo, yo estaría muerto en aquella cueva y vosotros seríais débiles
ante los tiempos que se avecinan.- Tú
eres fuertecito, hijo, pero y tus hermanos que son muy pequeños, qué sería de
ellos.- No quiero ni pensarlo.- No pienses en eso abuelo.-
Pero los dos teníamos las lágrimas a punto de estallar y por fin
salieron a flote.- Mi abuelo, siempre
que llorábamos, era con bastante frecuencia, me cogía entre sus brazos como si
quisiera protegerme de algo o de alguien.-
Y yo lo comprendía.- Mi madre, mi
abuela, mis hermanos pequeños los tres, sin saber nada de la vida, der lo que
estaba pasando, de las circunstancias en que estamos.- Yo tenía alguna noción porque me obligaban
las circunstancias y vivía el día a día con mi abuelo, que sin mí a su lado no
era nadie el pobre, sordo y analfabeto y en plena guerra.-
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