ALGARINEJO CERCADO POR LOS NACIONALES
Mi abuelo lleva casi dos meses escondido en la cueva de los perdidos.- Cuando
voy a verlo me da lástima de ver como se está quedando entre aquel charco de
agua y de humedad.- Sus bronquios que estaban afectados ya suenan desde
lejos.- Tiene asma bronquial y se ahoga,
con dificultades para respirar.- No
quiere que le cuente a mi abuela su mal estado y yo siempre les digo que está
muy bien.- Cuando bajo a la cueva de los
perdidos, creo que un día me encuentre a mi abuelo perdido también.- De seguir allí mucho más estoy temiendo
encontrármelo muerto, entre la enfermedad bronquial que ha cogido en aquella
humedad y el poco ejercicio.-
Su salvación ya depende del tiempo que tarden los nacionales en liberar
al pueblo de los rojos.- Dice Pío que
Algarinejo está cercado y es cuestión de días.-
Mi abuela solo hace dos cosas: Rezar y maldecir a los rojos de las
Fuentes, que tanto daño nos han hecho y siguen haciendo a mi abuelo.- En casa no se come pan nada más que el que le
llevo a mi abuelo, y el que se les deja a los pequeños.- Yo parece ser que entro en el grupo de los
mayores, y el pan que como es el bocadillo que me dan en lo del tío Pepico con
pringue de chorizo el día que voy a ver a mi abuelo.- Es un pan que hacen ellos en su horno del
cortijo y se come solo.-
Potajes de garbanzos, migas y tortillas de canuto, café de cebada y
leche de la cabra recién parida.- Con
todo, somos unos privilegiados, porque nos hartamos de comer, que las gentes en
el pueblo andan muy mal, para los que no tienen nada.- Mi abuela invita por las
mañanas a los pequeños de los vecinos a comer migas.- Hace una sartén de migas que no la salta un
valenciano, como ella dice.- Nos echa a
cada uno un plato de migas que estamos toda la mañana bebiendo agua.-
Las vecinas le dicen a mi abuela la hermanita de la caridad.- Hay media docena de chicos de la edad de mis
hermanos Juan e Isidro y me manda a traerlos a las migas.- Da pena, tan pequeños, me imagino si mis
hermanos estuvieran igual de hambrientos.-
Tal vez sin la idea de mi abuelo de esconder el trigo y los garbanzos,
nosotros estaríamos igual, porque los rojos nos dejaron para ir a pedir, como
el Chico del cerrillo, un hombre que le llamaban el Chico, con seis hijos.-
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