¿QUÉ
PASA CON EL FISCAL GENERAL DEL ESTADO.- ABC--24-11-
Pues lo que pasa es que
todos los fiscales españoles han reaccionado contra el descarado partidismo del
fiscal general del Estado, que han prestado con ello un gran servicio al
sistema de libertades.-
Siempre que se
produce una colisión entre la justicia y la política, la que sale mal parada es
la política.- Para la supervivencia de
una democracia auténtica es imperdonable la actitud adoptada por los prebostes
del PSOE, presuntamente obligando por disciplina al Fiscal General del Estado a
defender la postura del partido socialista, constituyendo una merma del
prestigio y la trayectoria del cuerpo jurídico.-
Alguien está pidiendo la
dimisión del muy ilustre Fiscal General del Estado, dice hoy el diario ABC, que
don Eligio Hernández debería dimitir para no tener que obstaculizar más la acción de la justicia a favor de nadie,
por muy partidista que sea, y por mucho presunto tráfico de influencias,
nepotismo y corrupción, que de eso existe en esta España nuestra, ¿O no?.-
Todo lo que sea una investigación a fondo para delimitar
responsabilidades y hacer recaer el peso de la ley sobre aquellos que la hayan
infringido, no es más que hipotecar el honor, e imponer ‘lacras’ que algunos
tienen como normas, con todos los años de honradez que se quieran adjudicar.-
La situación es bastante
más grave de lo que muchos se pueden imaginar.- Hubo un tiempo, cuya fecha me resisto a
recordar, en que el Gobierno de gentes parecidas en demagogia y corrupción,
hicieron de España su ‘cortijo particular’.-
Siempre se vuelve a las andadas, quizás
porque lo malo abunda.-
Si algunas partes de la
justicia se presentaran -- cosa improbable -- como
presuntos paladines de la causa socialista, sin intervenir en casos como
Ibercorp, Renfe, Cruz Roja, AVE u otros, los cimientos de las instituciones más
representativas del país quedarían socavados.-
¿Verdad, señor Fiscal General?.-
De todas formas, los políticos que
quieran honradez habrán de ganársela, dejando las instituciones al margen de
sus batallas particulares, haciendo frente con gallardía y nobleza a las
responsabilidades de sus enjuagues y trapisondas.-
A la sombra del poder permisivo y tolerante
con los suyos, los gerifaltes no deben colmar el vaso de la corrupción, con
censurables actos hacia la justicia, para que deje de resplandecer la verdad,
‘caiga quien caiga’.-
Quienes más deben velar por
el cumplimiento de las leyes no deben erigirse en defensores de la inmoralidad
y del delito, ni defender a ultranza la impunidad de la presunta corrupción en la que se está cayendo en
algunas partes.- La honradez no se gana
con palabras más o menos halagüeñas.-
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