domingo, 1 de noviembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

LA REPÚBLICA DECLARA EL ESTADO DE GUERRA

                      Mi abuelo se tenía que ir porque mi abuela estaba sola.-  Pero tuvimos tiempo de que le leyera toda la Prensa en las noticias más importantes de la guerra.-  En el Liberal decía que el diecisiete de julio la República había declarado el Estado de Guerra.-   Entre las principales medidas, decía que las fuerzas de la República habían ocupado todos los pueblos y edificios públicos.-  Se dio orden de la apertura de todos los establecimientos públicos, y los panaderos que no se presentaran serían detenidos y los negocios requisados.-  El comunismo?.-  El maestro decía que los Estados Comunistas Marteños  entraban por la puerta grande.-
                  Ya existía constancia entre los ciudadanos de lo que significaba la detención por parte de los rojizos, que se los llevan presos y jamás vuelven.-  De la ciudad de Tanaka  se hace cargo el Ejército republicano, del Ayuntamiento y del Gobierno Civil, el comisario de guerra marteño Marciano .-  Una compañía de había salido a leer el bando.-  Lo iba leyendo el comandante ayudante del general Rosaleny.-  Las calles ocupadas por el ejército, una batería del Regimiento de , frente al Ayuntamiento, también en las plazas, calles principales, entradas y salidas de la ciudad
                 Yo me quedé con los periódicos y mi abuelo se fue para el pueblo antes de que llegara la obscuridad de la noche.- Para salir del pueblo tuvo que pedir permiso y que le dieran un pase para ir al Morró.-  Eran las normas de los representantes de la República, en este caso el Tuerto y su séquito.-  También Pío necesitaba un salva conducto para ir dos o tres veces en semana a la capital con la Pipirrana.-  Realmente , según decía la Prensa, todos los pueblos y ciudades estaban tomados por las fuerzas llamadas republicanas civiles, aparte el Ejército.-
                      Venían noticias también de donde las fuerzas republicanas civiles llamados rojizos, eran los dueños del pueblo.-  Habían asaltado el cuartel de la Guardia Nacional y detenido a todos los guardias y despedido a las familias del cuartel, que fue ocupado por los rojizos.-  La Guardia Nacional de todos los pueblos que pertenecían al Departamento Nacional, fueron llevados a la cárcel, a disposición de las autoridades de la ciudad.-   La iglesias eran saqueadas y quemadas sus pertenencias religiosas.


      

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

ELCORTIJO ERA UN PARAISO

                    Pasamos varios días en el cortijo, durante los cuales pasaron el Tuerto y compañía por allí, era un camino real que atravesaba los campos del cortijo camino del río Pesquera y el molino de harina y panadería de los ‘’guiñapos’’.-  Siempre que pasaba gente se paraban a beber en aquella fuente, única en todo el contorno, a excepción de un pozo que había en el cortijo de Juan Antonio.-
                      Mi abuelo y mi madre mataron un cabritillo con unos veinte días, que tenía papá abuelo criándolo.-   Aún le faltaba para el destete.-   En realidad, no echábamos de menos los problemas de la guerra que seguía su curso irremediablemente.-   Pero yo sí echaba de menos a mi abuelo Marci y sus caricias y consejos.-  También echaba en falta las noticias de la radio y de los periódicos que traía Pío a diario de la gran ciudad.-
                        Deseaba leerle la Prensa a mi abuelo, que el pobre no se enteraba de nada sin mí.-  Aquella calurosa tarde del mes de agosto, estaba yo estudiando a la sombra de una frondosa higuera  breval que había a la puerta   de la casa.-  Digo estudiando y pensando, porque mis pensamientos iban al libro , que siempre iba conmigo; una enciclopedia de tercer grado, que eran los libros de estudio de la época, un regalo de papá Marci, que se la encargó a Pio, para que la trajera de la ciudad, único sitio donde se podía encontrar.-  La enciclopedia tenía todas las asignaturas.-
Mirando el camino que iba y venía del pueblo.-  Añoranzas de mi vida ajetreada de niño revoltoso e inquieto, con sueños de saber de todo un poco.-  De Pronto aparece en el horizonte, en la lejanía del camino, un bulto que parecía una caballería, cerca de otro conjunto de casas que se llamaban los cortijillos, todas las casa de propiedad de un tal Jos Marko de los Cortijillos, que fue construyendo en su propiedad para cada uno de sus hijos, que eran muchos.-   Dicen que andaba alrededor de la docena.-  Entre la calina de la canícula agostiza, conocí el mulo de  papá Marci.-   Mi corazón comenzó a latir aceleradamente.  Corrí camino adelante, y como algo lejano oía la voz de mi abuelo que me decía:  Marci, no corras que ya llego, que traigo muchos periódicos, muchas noticias.  La alegría de ver a mi abuelo que solo llevaba veinticuatro horas, era insaciable.- 


MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

                                                      CORTIJO DEL MORRO

                   Una mañana se presentó mi abuelo, por parte de mi madre a ver a sus nieto.-  Vivia en una casa de campo, en el Departamento marciano de Marlenko  Traía algunas frutas de su huerto y huevos del campo, y como regalo un pollo campestre para que hicieran una cazuela de arroz que tanto nos gustaba a todos.-  A la hora de comer, como casi siempre ocurría, se presentó mi tío  (pilinchín), que estaba trabajando en el cortijo del Roi de cochero de caballos para los señoritos.-
                     Decidieron aquella tarde que nos fuéramos al cortijo del Morró a terminar de pasar el día.-  El abuelo me  subió en el viejo mulo que tenía y nos llevó al cortijo.-  La obra era vieja, pero tenía muchas habitaciones, bien acomodadas por dentro y restauradas, aunque por fuera daba una mala imagen.-
                       Tenía un huerto por delante, todo bien vallado, para que las docenas de gallinas y pavos que tenía no estropearan la huerta.-  Había muchos árboles frutales, hortalizas de todas clases, incluidos melones y sandías.-  Una fuente con abundante agua que llenaba una alberca para el regadío del huerto y surtir las necesidades de los animales que había en el cortijo.-
                     Me bañé en la alberca, bajo la supervisión de Papá abuelo, merendamos queso y frutas y miel de abeja.- Tenía detrás de la vivienda una docena de colmenas que él cuidaba y les castraba la miel.-  Cuatro cabras pastaban a sus anchas en los alrededores sin necesitar que las cuidaran.-  Las tierras eran casi todas de manchón, salvo poco más de una hectárea que se sembraba, con la que recolectaba semillas y paja para el ganado.- 
                     Mi abuelo vivía solo en el cortijo y había recibido varias visitas del Tuerto con algunos de sus esbirros.-   Buscaban semillas de las que había sembrado, como trigo y garbanzos que era lo que más les interesaba, y también matanzas, o cerdos para llevárselos.-  Siempre que iban se llevaban, algunos gallos de campo.- Mi abuelo Juan era del pueblo y todos lo conocían.-  Pero el Tuerto, desde que tomó el mando de los rojos, no conocía a nadie.-  Quería fusilarnos a nosotros por estar trabajando, como premio.-  Y como premio se llevó el trigo que teníamos en la era , limpio de polvo y paja.-  Total, Unas treinta fanegas, decía el abuelo.-


MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

EL MIEDO CAMPESINO

                   Mi abuelo contó aquella noche cuando fuimos a lo de Pío a escuchar el parte, que vinieron los greñas y los guapos desde el algarrobo a denunciar en la sede del Tuerto, que los de Iznájar les habían atacado y que se venían al pueblo.-  Todos los que estaban viviendo en el campo tenían miedo.-  Algunos que tenían familia se venían al pueblo.-  De todas formas nada se podían llevar de sus casa porque ya se lo habían llevado el Tuerto y su pandilla.-  Pero salir de tu casa es no encontrar nada al volver.-
                  En todo el campo de las  no quedaba ya ninguna casa por saquear.-  Y en el pueblo las de los que tenían tierras en propiedad, como el Chaquetas, los culos y algunos más, los habían dejado sin nada.-  Pío era familia de los culos, pero lo estaban respetando porque se servían de su camioneta y de él.-  En todo el pueblo no existía nada más que la pipirrana y un chofer, Pío.- Nadie era capaz de manejarla sin estrellarse.
                        Mi abuelo Marci nunca estuvo muy conforme con las decisiones de mi padre respecto a la guerra.-  Discutieron algunas veces, yo lo sabía más bien porque después venía mía abuelo llorando.-  Era un hombre muy cariñoso, muy familiar y muy blando.-  Pero era su único hijo y, recuerdo, me decía, tillo, cuando tengas hijos sabrás lo que duelen, y también los disgustos que dan.-  Ya lo sé, el tiempo enseña lo que son
                        Sí, ahora lo comprendo bien.-  Entonces no acababa de comprender por qué me lo decía.-  Pero teniendo en cuenta que mi abuelo era un hombre honrado y no le gustaban las actuaciones de los rojizos, porque no eran honradas,  es de comprender que mi padre y él discutieran alguna vez.-  El pueblo se iba llenando de forasteros, con los mismos estilos del Tuerto y las hordas que le rodeaban.- Alumnos de la misma escuela.-
                  La guerra había venido para dividir a las familias, a los vecinos, a los amigos, a las gentes que vivían en paz y sin problemas políticos.-  La guerra era un enfrentamiento político, decía mi abuelo, en el que ponían al frente a los fanáticos y morían sin saber por qué lo hacía, y los que quedaban vivos seguían con el mismo fanatismo que antes de empezar la guerra.-  Eso se vio después y mi abuelo tenía razón.-



MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

                                               LOS SECRETOS DEL CEMENTERIO

                    El Tuerto y su pandilla seguían reunidos y nosotros en lo alto de los olivos bastante cansados ya.-  Cuando se separaron un poco vimos a un hombre cavando una fosa.-   Un poco más tarde oímos un disparo.-  Nos tiramos de los olivos y corrimos hacia la realenga buscando el camino del Piocacho.-  El hijo de la Pilar que vivia allí se quedó llorando
                    Yo cogí de la mano a Mar Pio porque se quedaba atrás.-   Bajamos la cuesta del Piocacho a la carrera hasta la cochera Pío.-  Allí nos serenamos un poco porque estaba la  Palomino en la puerta de su casa, que vivía junto a la carretera.-   Nos preguntó que de dónde veníamos y le dijimos que de casa de la Pilar.-   Todo eran mentiras para no ser descubiertos
                     Desde la cochera hasta mi casa nos fuimos repartiendo.-  Cuando llegamos a mi casa solo íbamos la Mar, la Nastasia y yo.-   La Nastasia era hija de Anastacio .-  Tenían una tienda en la plaza, frente a Pío.-  Anastacio era el hijo mayor del pollero, de la ciudad de Carcabajo
Pero volviendo a nuestra aventura, mi abuela me dio un tirón de orejas y quería que le dijéramos dónde estuvimos.-  Todo inútil, ninguno soltábamos prenda.-  En esto llegó mi abuelo que había ido por agua y viendo el panorama, nos echó un cable para que mi abuela no me diera unos cachetes.-  Siempre lo hacía y mi abuela cuando se enfadaba.- Mi abuelo0 le decía que la había tomado conmigo en venganza de los que no le dio a su hijo, que tantos quebraderos de cabeza le estaba  o les estaba dando.-  Mi abuela más serena, nos dio unas magdalenas para merendar.-  Los secretos de los niños son sagrados, a ver el guapo que le saca el secreto a un niño, si no lo dice voluntariamente.-
                 Estando nosotros, los pequeños, merendando y solos en la puerta de La casa, al oir conversaciones nos asomamos y eran los barbudos con el Tuerto que regresaban de sus grandes Hazañas.-  Si algún día pagara parte de los muchos males que estaba haciendo en la sociedad, no se podía decir que era un pecado.-  Por mi parte me estaría acordando toda la vida del Tuerto, cada vez que me dolieran las cervicales, la cabeza y la espina dorsal.-  Y de lo poco que se preocupó mi padre cuando vino de la guerra y le lo contaron.-  Dicen que entre los malos anda el juego.


MIS RECUEDOS

                                                      LOS EXCARCELADOS

                    Cada día llegaban algunos individuos forasteros, barbudos, sucios y malolientes.-  A los chiquillos nos preguntaban para llegar a la casa del pueblo.-  Nosotros no entendíamos lo que significaba la casa del pueblo, porque casas del pueblo eran todas.-  Al parecer era donde se reunían todos los rojizos.-  El hijo de Pío, el mayor y yo siempre encabezábamos algunas correrías por el pueblo.-  Pero era pequeño y no lo dejaba la madre retirarse de la Plaza, sin embargo a Maro si la dejaba conmigo
Cierto día llegó Maro donde yo estaba echando de comer a los cerdos que teníamos para engordarlos, que según mi abuelo, dos eran para nuestra matanza y siete para vendérselos a Pío que él hacía matanzas para vender.-  Venía acompañada de  su vecina de enfrente, hija de un tal Anastacio, me dijo que venía el Tuerto de camino, con algunos barbudos de los que llegaron días antes y traían un prisionero con las manos atadas.-  Como siempre, seguro que iba al cementerio, q  ue era lo de ellos.
Yo dejé mi trabajo y nos fuimos tras la comitiva.-  De camino silbábamos con la contraseña que teníamos para reunirnos y cuando llegamos a la carretera íbamos una pandilla de media docena.-  En el lugar denominado ‘’cochera de Pío’’ empezaba la carretera.-  El tuerto dijo que nos volviéramos y se puso furioso y dijo que nos iba a azotar.-  Decidimos hacerle caso, más acobardados por las amenazas.-
Los rojos siguieron caminando por la carretera y, cuando tomaron la curva, nos miramos unos a otros y puestos de acuerdo corrimos por la trocha del Pocacho, paralela a la carretera, pero retirada.-   Notros los veíamos caminar y ellos no nos podían ver.-   Se dirigieron por un camino que lleva al cementerio.-  Nosotros seguimos hasta las paredes del camposanto.-
El cementerio estaba al lado de la carretera, en una pendiente y, por la parte de arriba, el muro que tenía estaba a un metro del suelo.-  nos escondimos detrás del muro que había muy cerca .  Nosotros veíamos  a los rojizos reunidos en el cementerio.-  Somos los portavoces, somos los chiquillos del pueblo los mejor informados de todos los acontecimientos, de las fechorías o de las buenas acciones, pero aquí no hay buenas acciones, porque los rojizos no son hermanitas de caridad.-


     

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

PARTERA

                 Partera, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, significa la persona que con titulo o sin él, asiste a la parturienta.-   Pues esa era mi abuela en el pueblo.-  Decía la mujer de Pío, que todas las mujeres del pueblo y su término municipal habían sido asistidas por mi abuela, llamada la hermosa.-  Mi abuela era una mujer de aproximadamente uno ochenta y algo y, a sus alrededor de sesenta años que tenia, aún era una mujer hermosa.-   Tal vez de ahí le viniera el ‘’alias’’.-  Siempre oí a las vecinas:  La  Hermosa. la Partera del Pueblo, La mujer de Marci.
                    La Robles, una gran mujer y amiga de mi abuela, era la mujer de  ‘’alias Pío’’.-   Las edades de los cuatro hijos de Pío eran casi las de nosotros los cuatro hermanos.-   Pío tenía la mejor tiende del pueblo y la llevaba su mujer, mientras él, entre la agricultura y los viajes con la ‘’pipirrana’’ , tenía bastante.-  Era el que surtía al pueblo de todo lo necesario. El que llevaba pasajeros cuando alguien tenía que ir a la capital, el que llevaba los enfermos al médico a media noche.-  Y, por supuesto, al que todos los habitantes le debían favores impagables, ya que a nadie le cobraba.-
                     Pío tenía un mulo y mi abuelo otro, y los unían para sembrar y recolectar en el verano, y para todo lo que requería las labores del campo.-  Yo, cuando salía de la escuela, siempre iba a parar a casa de Pío, antes de irme a casa.-  Me llevaba bien con todos sus hijos.-  La mamá siempre que salíamos de la escuela nos daba algunas golosinas de la tienda.-  Me trataba como a sus hijos, y me decía algunas veces que le leyera las noticias mientras ella despachaba al público.-  No tenía tiempo de nada, a pesar de que tenía una sirvienta.-  Aquellos tiempos, si no fuera por la guerra.
                    Por las noches, cuando mi abuelo y yo íbamos a escuchar el parte,  Pío y mi abuelo hablaban de política y de la guerra, del Tuerto y su pandilla y de las hordas forasteras que habían entrado en el pueblo.-  Pío iba un par de veces a la semana a Granada capital con viajeros y a traer cosas para la tienda.-  De la capital siempre traía periódicos que no teníamos en el pueblo.-  Aunque fueran del día anterior, eran noticias frescas.-  Sobre todo traía periódicos del Mundo Obrero, El Rojerío, otro que había los Anarquistas , cuyo nombre no me acuerdo.