EL RECIBIMIENTO DE LOS VECINOS
Cuando volvíamos por el camino de las Chozas, podíamos ver en la puerta
de la casa mucha gente.- Si no se
hubieran ido los rojos, ya estaríamos asustados.- Al llegar al barranco del Tejar nos estaba
esperando mi abuela, que nos vio venir por las Chozas.- Mis abuelos se abrazaron llorando y yo seguí
el camino y los dejé solos.- Ya había
llorado baste desde la mañana, y estaba a punto de volver hacerlo.- Caminé sumido en mis propios pensamientos,
pensando en todo y en nada, porque tenía un tremendo lío en el cerebro, con
muchas cosas incomprensibles.-
Me dolían las cervicales y no podía mirar a los lados.- Me sacaron de mis pensamientos mi madre y mis
peques que me esperaban en lo alto de la haza de Tostaos, cerca de nuestra
zahurda.- Como mi abuelo me decía Tillo,
Isidro que empezaba a hablar me decía
pillo y me echaba los brazos, no para
que lo agarrara, si no para que lo cargara a mis espaldas.- Aprendió pronto a decir burro, en cuanto me
vía llegar a casa.- Pero yo estaba casi
siempre cansado y dolorido de mi cervicales.-
Tuve que subir al niño al burro de mis espaldas hasta que llegamos a
casa.- En la puerta estaba las vecinas
más queridas, con sus cachorros
pequeños, listos siempre a enseñarnos los mocos y limpiárselos en la manga del
babero.- Era la edad, porque Isidro
tenía siempre un brillo moquero en las mangas que daba alegría.´- Se me fue la pena que tenía y me metí en el
mundo de mi hermanito, que con su media lengua me explicaba cosas.- Quería una pizarra para escribir, y yo le
dije que le regalaría una cuando fuera más grande.- Pero le daba trozos de papel de estraza y un
trozo de lápiz, que mojándolo en los labios
los tenía siempre pintados.-
Por fin llegó mi madre y mis abuelos, las vecinas estaban emocionadas,
abrazaban a mi abuelo, y digo solo las vecinas porque en las Fuentes casi no
había hombres, y en la vecindad del barrio solo uno.- Le llamaban el Formalón (nunca supe su
nombre).- Sus hijos estaban en la
guerra, Julián, Bernardo y los demás, cuyos nombres no recuerdo.- En la puerta de la calle había un jaleo de
gente, que iba creciendo, contaban lo que sabían de los rojos, de los
nacionales que llegaron anoche.-
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