domingo, 20 de noviembre de 2016

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA


                                              EL RECIBIMIENTO DE LOS VECINOS
Cuando volvíamos por el camino de las Chozas, podíamos ver en la puerta de la casa mucha gente.-  Si no se hubieran ido los rojos, ya estaríamos asustados.-  Al llegar al barranco del Tejar nos estaba esperando mi abuela, que nos vio venir por las Chozas.-  Mis abuelos se abrazaron llorando y yo seguí el camino y los dejé solos.-  Ya había llorado baste desde la mañana, y estaba a punto de volver hacerlo.-  Caminé sumido en mis propios pensamientos, pensando en todo y en nada, porque tenía un tremendo lío en el cerebro, con muchas cosas incomprensibles.-
Me dolían las cervicales y no podía mirar a los lados.-  Me sacaron de mis pensamientos mi madre y mis peques que me esperaban en lo alto de la haza de Tostaos, cerca de nuestra zahurda.-  Como mi abuelo me decía Tillo, Isidro que empezaba a  hablar me decía pillo  y me echaba los brazos, no para que lo agarrara, si no para que lo cargara a mis espaldas.-  Aprendió pronto a decir burro, en cuanto me vía llegar a casa.-  Pero yo estaba casi siempre cansado y dolorido de mi cervicales.-
Tuve que subir al niño al burro de mis espaldas hasta que llegamos a casa.-  En la puerta estaba las vecinas más queridas, con  sus cachorros pequeños, listos siempre a enseñarnos los mocos y limpiárselos en la manga del babero.-  Era la edad, porque Isidro tenía siempre un brillo moquero en las mangas que daba alegría.´-  Se me fue la pena que tenía y me metí en el mundo de mi hermanito, que con su media lengua me explicaba cosas.-  Quería una pizarra para escribir, y yo le dije que le regalaría una cuando fuera más grande.-  Pero le daba trozos de papel de estraza y un trozo de lápiz, que mojándolo en los labios  los tenía siempre pintados.-
Por fin llegó mi madre y mis abuelos, las vecinas estaban emocionadas, abrazaban a mi abuelo, y digo solo las vecinas porque en las Fuentes casi no había hombres, y en la vecindad del barrio solo uno.-   Le llamaban el Formalón (nunca supe su nombre).-   Sus hijos estaban en la guerra, Julián, Bernardo y los demás, cuyos nombres no recuerdo.-  En la puerta de la calle había un jaleo de gente, que iba creciendo, contaban lo que sabían de los rojos, de los nacionales que llegaron anoche.- 


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