EL PAPA SANTO DE ROMA
El Papa Benedicto, en su visita para reunirse con los seguidores
de las Jornadas Mundiales de Juventudes (JMJ), llega a España el dieciocho de
agosto de dos mil once, cuando ya le esperaban sobre dos millones de jóvenes de
todos los países de la Tierra
Previamente a su llegada, el Cardenal Rouco Varela dice una misa en la
Plaza de Cibeles.- La apoteósica llegada
del Papa a Madrid, recibido por los Reyes de España y las autoridades
representativas, tanto políticas como católicas, no deja lugar a dudas de lo esperado
de su visita.-
Dos millones de jóvenes de todo
el mundo que han demostrado el buen comportamiento y la misión que representan.- A pesar de las provocaciones de jóvenes
españoles y persecuciones a algunos grupos, demostraron la diferencia educativa
de los indignados perseguidores.- El
Papa ha sido el principal protagonista desde el dieciocho al veintiuno que dejó
España, diciendo varias misas en Cuatro Vientos y en la Plaza de Cibeles, a
dichos actos han asistido entre uno y dos millones de jóvenes de todo el Mundo,
incluidos los de España.-
También ha habido detractores,
de gentes laicas.- A las JMJ no les
importa que el laicismo ande manifestándose. Sin embargo el laicismo si le
importa que dos millones de jóvenes se concentren en torno al PAPA, lo aplaudan
y vitoreen, oigan misa y confiesen, se paseen orgullosos de su libertad,
felicidad, tranquilidad y pasividad.-
Cuatro vientos y la Plaza de Cibeles dan fé de los acontecimientos
católicos realizados por el Papa Benedicto XVI (Joseph Aloisius Ratzinger.
Baviera, Alemania, 16-04-27), desde el día dieciocho al veintiuno de agosto de
dos mil once.- Madrid y España entera ha
gozado un gran acontecimiento.-
Las Jornadas Mundiales de
Juventud (JNJ) han servido para unir a más de dos millones de jóvenes del Mundo
entero, pacíficamente.- Peregrinos
alegres y sin alterar el orden, educados y eludiendo a ciertos sectores provocadores
que desde la Plaza del sol presumían de que la Plaza era suya, e incluso los
derechos a pasear, estacionar y posesionar les pertenecían.- Una vergüenza nacional en la Plaza de Sol.-
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