LA PLAZA SE LLENABA POR LAS MAÑANAS
Algunos labradores del arrendamiento del cortijo de los Huertos, traían
habas verdes ya de sus hazas, y ponían puestecillos en la plaza, con el fin de
sacar algunas perras para la compra.-
Pero la cosa estaba mal, porque para comprar hacía falta dinero, y el
este pueblo de obreros sin trabajo, nadie tiene un real.- Algo vendían los labradores, aunque fuera
poco y barato.- Los puestos de venta los
ponían en la puerta de Pío, que era el sitio estratégico, porque la gente
venían a la tienda, que era la única que existía en el pueblo.- Pero Pío no decía nada porq1ue él no vendía
fruta y verduras.- No le afectaban las
ventas que le ponían en la puerta.-
Conocía a tanta gentes de los que habían venido de la guerra y, a su
vez, los encontraba tan raros y misteriosos, tan serios y tan hoscos, que me
daba la sensación de que eran parecidos, pero no los mismos.- Yo me paseaba por la plaza, que a veces se me
unía mi amiga María Pío, le gustaba que camináramos olisqueando por todas
partes.- Nos reíamos de cualquier cosa
y, cosa extraña, Antonia Robles nos vía desde el mostrador despachando y se
reía.-
Éramos como un par de diablillos que nos llevábamos muy bien y nos
gustaba estar juntos, y hacer alguna diablura de vez en cuando.- María me iba preguntando, a medida que
pasábamos al lado de alguno de los recién venidos.- Tillo, tú conoces a todos los que han venido?.- La verdad es que a casi todos, pero solo de
vista.- Pero, sabes?, me los encuentro muy desconocidos algunos.- A mí me dan miedo los de las barbas, me
parecen aquellos tipos que iban con el Tuerto.-
Del casino de la Flurgencia salieron tres guardias civiles, un cabo y
dos guardias.- Se armó un revuelo en la
plaza, que algunos empezaron a irse, tal vez a sus casas.- Los que esperaban en la puerta de la
comisaría de Falange no se movieron.-
María me preguntó por qué se
iban.- No lo se, María.-
Tillo, yo es que no entiendo eso de zonas, ni de la guerra, pero si no
han hecho nada no tienen por qué correr de la guardia civil.- Nunca se está tranquilo cuando se ha estado
metido en política.- Tillo, sabes lo que
dice mi padre?.- Qué dice María?.- Que
tú eres un niño muy maduro, algo así como un niño hombre, dice mamá.- No me hagas reír, María.- Soy un chico
desgraciado que me pilló la guerra. Me ha
hecho madurar y, a la vez, traumatizado mientras viva.
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