CAPÍTULO
CLXXIV
LA ENCRUCIJADA
La continuación de la galería de desagüe por donde el agua salía de la
laguna mansamente, en una cantidad tan enorme que daba la impresión de que era un canal de regadío en las extensas y fértiles llanuras de Marte,
era interminable.-
El Jefe de la expedición midió la distancia a la superficie del
desierto, que dio sobre mil metros.-
También midió la distancia al mar y daba un cálculo aproximado de nueve
mil metros, estas medidas eran traducidas por el Españolo al sistema de su
querida patria española, ya que en los términos numéricos que las deba el Jefe
jamás se entenderían.-
Españolo, dice el viejo Jefe, ahora sólo estamos los dos solos, que a la
hora de las votaciones siempre estaremos empatados, ya que los dos votaremos por
el mismo sistema resultará una utopía.-
No tenemos los mismos criterios.-
Es verdad, Jefe, que para cuando lleguen
las decisiones de votación tenemos un grave problema.- Yo propongo un sistema que puede volver a
poner las cosas en su sitio.- Soy todo
oídos, Españolo.- Sigamos proponiendo
los tres votos. ¿Y quién sacará el
tercer voto?.- El ordenador de bolsillo
del muerto.-
Cierto, no había caído en ese sistema.-
Hemos llegado al final, dice el Jefe en aquel momento.- Al final de qué, Jefe.- Al final de la inspección de la galería que
nos ha traído hasta aquí sanos y salvos.-
La empezamos con el agua a la cintura y ya nos llega bajo las
axilas.- Eso demuestra que en el
recorrido que hemos hecho, los distintos
orificios que desembocaban en este canal y que bajaban de las alturas
llenos de agua traían más agua de la que creíamos.- Una cantidad incalculable.-
Si oye un ruido ensordecedor de caída de agua por un precipicio.- Exactamente por eso nuestro recorrido ha
terminado.- El agua se precipita
locamente por un amplio agujero que parece horadado en la roca, cuya galería
estamos viendo desde aquí y que no nos da opción a acercarnos sin correr el
peligro de ser arrastrados hacia el
abismo por las alocadas aguas.-
Tengo la impresión de que aquella claridad que se ve al fondo no es de
nuestras linternas.- Podemos
comprobarlo apagando los focos.- La
sorpresa que tuvieron fue mayúscula.-
Ahora con las linternas apagadas seguía iluminado el fondo, por donde se
precipitaba el torbellino acuático. Mientras regresamos analizaremos el
fenómeno, porque aquí hay peligro de despeñarnos.
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