lunes, 18 de enero de 2016

GOLPE DE ESTADO EN MARTE


 

CAPÍTULO   CLXXIV

LA ENCRUCIJADA

 

               La continuación de la galería de desagüe por donde el agua salía de la laguna mansamente, en una cantidad tan enorme que daba la impresión  de que era un canal de regadío  en las extensas y fértiles llanuras de Marte, era interminable.-

               El Jefe de la expedición midió la distancia a la superficie del desierto, que dio sobre mil metros.-   También midió la distancia al mar y daba un cálculo aproximado de nueve mil metros, estas medidas eran traducidas por el Españolo al sistema de su querida patria española, ya que en los términos numéricos que las deba el Jefe jamás se entenderían.-

               Españolo, dice el viejo Jefe, ahora sólo estamos los dos solos, que a la hora de las votaciones siempre estaremos empatados, ya que los dos votaremos por el mismo sistema resultará una utopía.-   No tenemos los mismos criterios.-

               Es verdad, Jefe, que para cuando lleguen las decisiones de votación tenemos un grave problema.-   Yo propongo un sistema que puede volver a poner las cosas en su sitio.-   Soy todo oídos, Españolo.-   Sigamos proponiendo los tres votos.   ¿Y quién sacará el tercer voto?.-   El ordenador de bolsillo del muerto.-

               Cierto, no había caído en ese sistema.-   Hemos llegado al final, dice el Jefe en aquel momento.-   Al final de qué, Jefe.-  Al final de la inspección de la galería que nos ha traído hasta aquí sanos y salvos.-   La empezamos con el agua a la cintura y ya nos llega bajo las axilas.-   Eso demuestra que en el recorrido que hemos hecho, los distintos  orificios que desembocaban en este canal y que bajaban de las alturas llenos de agua traían más agua de la que creíamos.-   Una cantidad incalculable.-

               Si oye un ruido ensordecedor de caída de agua por un precipicio.-   Exactamente por eso nuestro recorrido ha terminado.-   El agua se precipita locamente por un amplio agujero que parece horadado en la roca, cuya galería estamos viendo desde aquí y que no nos da opción a acercarnos sin correr el peligro de ser arrastrados  hacia el abismo por las alocadas aguas.-

               Tengo la impresión de que aquella claridad que se ve al fondo no es de nuestras linternas.-   Podemos comprobarlo apagando los focos.-    La sorpresa que tuvieron fue mayúscula.-   Ahora con las linternas apagadas seguía iluminado el fondo, por donde se precipitaba el torbellino acuático. Mientras regresamos analizaremos el fenómeno, porque aquí hay peligro de despeñarnos.

 

 

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