CAPÍTULO CLXI
UNA NOCHE EN LOS
INFIERNOS
La segunda noche les llegó y
tuvieron que parar el trabajo de abrir más brecha para la salida.- Pero para pasar la noche y no helarse de
frío había que volver a tapar la entrada, lo que tuvieron que hacer con piedras
y arena y con parte del equipaje.-
Habían echado fuera toda la arena y piedras pequeñas y sólo quedaban en
la cavuerna las piedras que no cabían salir.-
Españolo, necesitamos otro
milagro de tu Dios.- Lo tendremos, no
te quepa duda.- Se lo pides esta noche,
porque aquí no podemos resistir mucho más.-
O salimos mañana o seremos cadáveres en vida.- Dios ayudará, Jefe, y ya verás como nos
ayuda y mañana salimos de esta ratonera.-
El viento estaba trabajando
ya.- Por la gatera abierta, a pesar de
tenerla bien tapada, entraba un frío que les helaba los huesos.- El viento venía del mismo lado de la llamada
‘gatera’.- Tuvieron que descansar
juntos los tres, dejando al viejo en el centro, para darse calor, a pesar de
los sacos de dormir.-
Una noche, como se suele decir,
de ‘perros’, como si estuvieran en los mismos infiernos.- Aquello no era dormir, aquello no era
descansar, aquello era un martirio.- El
viento que entraba como Pedro por su casa, el habitáculo lleno con los tres
hombres, equipajes y las piedras gordas que no cabía echar fuera.- Estaban más estrechos que piojo en
costura.- El Españolo se acordaba de su
Flor y decía entre sí: ¡Si me vieras, mi
querida Flor, en las circunstancias que estoy¡.- Pero no, no me podrás ver.-
Españolo se puso en contacto
con Marci.- ¿Dónde estás,
Españolo?.- En los infiernos, Marci.- ¿Y donde están los infiernos?.- En el Infierno.- Y dónde está el Infierno.- Donde yo estoy.- Total, que eres una pescadilla que se muerde
la cola.- Me muerdo donde quiera que
pillo, por hortera, por soquete, por imbécil, por redomado tonto, y no te digo
más porque en la última palabra quedan definidas mis aptitudes como ciudadanos
del mundo.-
Total, por lo que veo estás en
un momento de extrema felicidad.- No te
hace falta nada.- Tampoco en estos
momentos necesitas a Flor.- Es más,
estoy seguro que ahora ni te acuerdas de ella.-
Si eso me lo decía el otro día.-
¿Marci, tú crees que se acuerda de mí?.- Y yo la digo, ¡qué vá, ni pizca¡.- Estará entusiasmado con las sirenas que ha
encontrado en un lago.-
¡Marci, no me des más
tormento¡.- Por favor, yo se que tu no
le dices eso a Flor.- Yo se que tú eres
mi amigo, también se que cuando quieres eres odioso, que ahora te odio, que
estoy en un gran apuro, que tú me atropellas en mis más íntimos sentimientos,
porque Flor es todo para mí y tú lo sabes.-
¡Cuánto daría yo ahora mismo por estar a su lado en vez de estar aquí,
con el agua al cuello, es decir, con los ‘cataplines’ al cuello si no encuentro
una salida pronto.-
No hay comentarios:
Publicar un comentario