CAPÍTULO CXXVVIII
CONTINUACIÓN DEL
ASCENSO
A la mañana siguiente
continuaron el ascenso galería arriba.-
Iban pensando en el incidente que pudo costarles la vida a los tres
hombres.- Pero había que tener los
sentidos puestos en la subida por si se encontraban con otra nueva
sorpresa.- Subir, subir y subir sin
saber a donde les llevaría aquella galería ascendente.-
Con qué cantidad de comestibles
y agua disponemos, pregunta el Españolo.-
El jefe dice que podrían resistir cerca de una semana, si se racionaban,
que de momento no existían causas que aconsejaran tales medidas.- Seguiremos
esta subida y veremos donde nos lleva, si no tenéis otros planes.-
Llegaba un momento en que los
hombres estaban cansados y decidieron que había que hacer un alto en el
camino.- Decidieron aprovechar una pequeña explanada de las muchas que iban
encontrando en el camino.- Allí se
tumbaron muy cansados.- Esto no le
prohibía al Españolo ponerse en contacto con su amada.-
¡Cariño mío, cómo estás¡.- ¡Pensando en lo golfo que eres¡.- No me eches esos piropos tan elegantes,
querida.- Aunque quisiera, no podría
dejar de decirte que te quiero, que estoy medio muerta desde que me dejaste
sola, que estoy deseando de que vuelvas para darte muchos, muchos besos y
abrazarme a ti hasta ahogarte, porque te lo mereces, grandísimo abandona
mujeres.-
¡Qué felicidad oír tus palabras,
querida mía¡, aunque tenga que soportar tus reproches, que he reconocer que los
merezco.- Pero no sufras, que cuando
vuelva te voy a hacer doblemente feliz, estaré a tu lado día y noche, seré tu
esclavo, aunque ya lo soy desde lejos.-
No vas a conocer otra mujer más feliz que tú, serás la única en Marte
ahora, en la Tierra después y en el Universo siempre, que tenga en vez de un
marido, un esclavo dispuesto a todas horas a obedecer tus caprichos, tus
órdenes, tus sentimientos.-
Querido mío, ¿sabes lo que se
suele decir en mi tierra de los hombres que prometen mucho?.- Casi era mejor que no me lo dijeras, porque
me lo figuro.- Pues eso, que prometer
hasta meter, y una vez metido nada de lo prometido.- ¡Qué feliz me haces con tus insultos,
querida¡.- Además, me los
merezco.- Soy un soquete, un inútil, un
desgraciado, un aventurero, un merluzo, un tonto de capirote, y un hombre que
ha estado a punto de caer en los más profundos abismos y estrellarse, por
cabezón y desgraciado.-
¡No, por favor, no corras riesgos,
que yo te estoy esperando con todo mi amor, con todo mi corazón, con todo mi
cariño¡.-
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