CAPÍTULO CXXXVII
¡QUÉ COMODIDAD, AMIGOS¡
Esta Expresión se le escapó al
Españolo al levantarse con un dolor de huesos, machacados por la dureza de la
roca durante toda la noche.-
¿Sabéis?.- No tengo un hueso
sano.- Esta noche que no me ha atormentado
el viento, me atormentó la comodidad de un colchón bien mullido.- ¡Vaya suerte, marcianos¡.-
Los marcianos comenzaron a
desperezarse.- También se sentían de la
dura cama que habían tenido.- El
desayuno estaba servido, ya que consistía en galletas y frutos secos.- Agua había en abundancia.- Comida podría llegar a una semana si se
reducía la ración.- Pero ¿a qué
distancia de la superficie estarían.-
La respuesta le llegó del marciano jefe de la expedición que estaba
midiendo la profundidad a la que estaban de la superficie.-
Dos kilómetros y unos cuantos
metros, Españolo.- No, no me asustes
marciano.- Eso es mucha profundidad.- Puede que estemos bajo el mar.- No, ahora estaremos aproximadamente a nivel del mar.- Eso quiere
decir que si seguimos bajando , a partir de aquí iremos estando bajo el
mar.- Exactamente lo que estás
diciendo.-
Pues, aún así estoy dispuesto a
seguir bajando.- Tú lo has decidido con
tu voto, porque mi compañero y yo estábamos empatados.- Pues andando, a bajar hasta que nos bañemos
en el mar.-
Tomaron la galería que bajaba y
siguieron las mismas normas del día anterior.-
Iban señalizando el camino a medida que bajaban.- Cuando encontraban galerías que se cruzaban,
en las bifurcaciones, las flechas iban siguiendo el camino de bajada que era el
que seguían.-
Hacían descansos de vez en
cuando y medían la bajada.- Al llegar
la noche anunciada por los relojes estaban a medio kilómetro bajo el mar.- El Españolo estaba pensando que ya tendría
que filtrarse agua salina y sin embargo no ocurría.- Era una cosa rara, pero no podía dudar de
los aparatos tan exactos que traían los marcianos.-
Aquí pernoctaremos esta
noche.- La verdad, jefe, es que desde que entramos en esta rampa
es de noche.- Salvo lo que digan los
relojes.- Pues ir buscando un buen
colchón, que el hotel está vacío y habrá de sobra.- Pasaremos otra noche bajo la luz de la luna,
dice el españolo.- Aquí, en Marte no
haber luna.-
Hola cariño.- Hola mi amor.- Cómo estás.- Estoy en un colchón de plumas que se dejaron
aquí las sirenas de las rocosas.- Más o
menos, según me dice el jefe de la exploración, a medio kilómetro bajo el
mar.- ¿Cómo?.- Pero,
¿eres capaz de cometer esas v barbaridades?.- ¿Es que quieres dejarme viuda?.- Bueno, siempre habrá alguno que se enamore de ti.- Eres guapa, alegre, bella, simpática, con un
tipo que quita el hipo -- pega y todo
--, además de tu nombre, eres una
flor, y no te han de faltar enamorados.-
¡La que te voy a dar cuando vuelvas¡.-
¡Pillo, más que pillo, bromista, guasón¡.- No debía de quererte tanto, ¡pero te daré
cuando vuelvas¡. Si vuelvo.
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