CAPÍTULO CLVIII
EL AIRE DEL DESIERTO
Estamos cerca de la libertad,
Españolo.- Que alegría, Jefe.- Pero me
preocupa algo.- Como qué.- Como que debiéramos estar ya en alguna
caverna del desierto, según está marcando el altímetro.- Vaya putada.- Lo que faltaba cerca de tierra es que ahora
no encontremos la salida y
tengamos que regresar buscando otra alternativa.- Pero esta galería a alguna parte tiene que
salir.- Eso espero, así que mientras
sea subir, sigamos subiendo hasta ver donde nos lleva.- Ya no puede tardar mucho, es decir,
tendríamos que estar afuera.- En
aquellos momentos llegaron a una explanada pequeña y allí se acaba la
subida.- No había más camino hacia
arriba.-
Los tres hombres se quedaron
mirándose y sufrieron una decepción.-
Pero el Jefe estaba bastante preocupado.- Según marcaba su altímetro deberían estar en
la cumbre del Macizo rocoso. Sin
embargo, no tenían salida y sobre sus cabezas estaba amenazante aquella roca de
los infiernos que no les dejaba ver la claridad.- Estamos perdidos, Jefe.- Si tuviéramos los apaños suficientes para
perforar esta roca, estaríamos libres en poco rato, pero eso no entra dentro
del equipaje de una excursión.-
De momento, lo que podemos hacer
y es lo que requieren las circunstancias, es descansar, dormir un poco que ya
se acerca la noche, y mientras tanto algo se nos ocurrirá.- También puede ocurrir un milagro, dice el
Españolo.- ¿Tú crees en los milagros,
Españolo?.- Sí, yo creo en los
milagros, quizás porque me críe con temor de ese temor del Dios del que te hablé, y también
porque me he visto en muchas ocasiones entre la espada y la pared, como por
ejemplo el día del precipicio, y he salido indemne.-
Dichoso tú, Españolo, porque
yo vivo de realidades, y la realidad nuestra en estos momentos no hay milagro
que la arregle.- Un milagro sería
aparecer un martillo perforador como por arte de magia, enchufado a un compresor
que le da potencia suficiente para perforar esta roca y salir de aquí.-
¿No podría existir otro
milagro?.-, dice el Españolo.- El
viento huracanado de la noche puede traernos alguna explicación a nuestra
delicada situación, y ya está soplando con fuerza, por lo que estamos
oyendo.- Sí, está pegando fuerte en las
rocas y hasta piedras estrella en las paredes de esta cavidad.-
Tengo un presentimiento,
Jefe.- Dime.- ¿No te parece raro que escuchemos el viento
como cuando estábamos en la cueva aquella que teníamos que tapar?.-
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