lunes, 18 de enero de 2016

GOLPE DE ESTGADO EN MARTE


 

CAPÍTULO   CLVIII

 

EL AIRE DEL DESIERTO

 

              Estamos cerca de la libertad, Españolo.-   Que alegría, Jefe.- Pero me preocupa algo.-   Como qué.-   Como que debiéramos estar ya en alguna caverna del desierto, según está marcando el altímetro.-   Vaya putada.-   Lo que faltaba cerca de tierra es que  ahora  no encontremos la salida  y tengamos que regresar buscando otra alternativa.-   Pero esta galería a alguna parte tiene que salir.-   Eso espero, así que mientras sea subir, sigamos subiendo hasta ver donde nos lleva.-   Ya no puede tardar mucho, es decir, tendríamos que estar afuera.-    En aquellos momentos llegaron a una explanada pequeña y allí se acaba la subida.-   No había más camino hacia arriba.-

               Los tres hombres se quedaron mirándose y sufrieron una decepción.-   Pero el Jefe estaba bastante preocupado.-   Según marcaba su altímetro deberían estar en la cumbre del Macizo rocoso.   Sin embargo, no tenían salida y sobre sus cabezas estaba amenazante aquella roca de los infiernos que no les dejaba ver la claridad.-   Estamos perdidos, Jefe.-   Si tuviéramos los apaños suficientes para perforar esta roca, estaríamos libres en poco rato, pero eso no entra dentro del equipaje de una excursión.-

               De momento, lo que podemos hacer y es lo que requieren las circunstancias, es descansar, dormir un poco que ya se acerca la noche, y mientras tanto algo se nos ocurrirá.-   También puede ocurrir un milagro, dice el Españolo.-   ¿Tú crees en los milagros, Españolo?.-   Sí, yo creo en los milagros, quizás porque me críe con temor de ese  temor del Dios del que te hablé, y también porque me he visto en muchas ocasiones entre la espada y la pared, como por ejemplo el día del precipicio, y he salido indemne.-

                 Dichoso tú, Españolo, porque yo vivo de realidades, y la realidad nuestra en estos momentos no hay milagro que la arregle.-   Un milagro sería aparecer un martillo perforador como por arte de magia, enchufado a un compresor que le da potencia suficiente para perforar esta roca y salir de aquí.-  

               ¿No podría existir otro milagro?.-, dice el Españolo.-   El viento huracanado de la noche puede traernos alguna explicación a nuestra delicada situación, y ya está soplando con fuerza, por lo que estamos oyendo.-   Sí, está pegando fuerte en las rocas y hasta piedras estrella en las paredes de esta cavidad.-

               Tengo un presentimiento, Jefe.-   Dime.-   ¿No te parece raro que escuchemos el viento como cuando estábamos en la cueva aquella que teníamos que tapar?.-  

 

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