CAPÍTULO CLIV
UNA GALERÍA DE
MISTERIO.-
Los exploradores inspeccionaron todo el contorno del
lago.- Solo existía aquel agua que caía
de las entrañas de las Rocosas en el Planeta y una salida o entrada, que no estaba
claro, una especie de galería amplia o canal horizontal que encontraron en la
parte sur, lleno de agua.- A veces parecía que entraba y otras veces que
salía.-
Para comprobarlo, se adentraron
por el citado canal, donde podían andar de pie, metidos en el agua hasta la
cintura, y permanecieron el día entero caminando por semejante acueducto.- El agua era no era salina ni la del lago, veía
de las Rocosas, pero no cambiaba el canal de dirección ni hacia arriba ni hacia
abajo.-
Dentro del canal o galería se
escuchaban ruidos que no podían apreciar.-
Cada vez que se adentraban en aquel laberinto, porque era un laberinto
de canales y galerías los que iban apareciendo a partir de unos cien metros de
la entrada, tenían que ir provistos de brújula en mano para no cambiar de
dirección
Las aguas de aquellos canales
les llegaban cada vez más altas.- Ya
estaban por debajo de las axilas y amenazando con subir.- Estaban corriendo un riesgo, porque si la
noche se les echaba encima, aquellos canales se convertirían en un infierno que
los enviaría de un canal a otro, lanzándolos contra las paredes rocosas.-
Pudieron comprobarlo la noche
anterior cuando anocheció, que hasta en lo alto de aquella atalaya les llegaban
las fieras y alteradas olas algunas veces.-
Si se desataba el vendaval estando ellos en aquel laberinto de galerías,
eran hombres muertos en pocos minutos.-
Había que salir de allí antes de que anocheciera.-
¡Una galería sin agua en
pendiente hacia arriba¡.- La voz
alterada del Jefe fue tan elocuente que los tres hombre vieron la posibilidad
de descansar sentados en aquellos cojines de plumas que eran la roca viva, que
seguir metidos en agua hasta el cuello, donde ya les estaba llegando.- Llevaban demasiadas horas sin descanso,
metidos en agua como los ranos, a punto de convertirse en animales acuáticos si
continuaban.-
Con el equipaje en la cabeza, fueron
saliendo del agua y adentrándose en aquella rampa salvadora de la mojadura, que
se iba inclinando hacia arriba.- Otra
vez que estaban con dirección hacia el desierto, hasta que las circunstancias
les hicieran cambiar de dirección.-
Iban con las ropas mojadas y aprovecharon aquel pequeño rellano fuera
del agua para sacar ropas secas del equipaje.-
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