sábado, 7 de noviembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

LUCHA EN EL PUEBLO CASA POR CASA

                  Mi abuelo lleva casi dos meses escondido en la cueva de los perdidos.- Cuando voy a verlo me da lástima de ver como se está quedando entre aquel charco de agua y de humedad.- Sus bronquios que estaban afectados ya suenan desde lejos.-  Tiene asma bronquial y se ahoga, con dificultades para respirar.-  No quiere que le cuente a mi abuela su mal estado y yo siempre les digo que está muy bien.-  Cuando bajo a la cueva de los perdidos, creo que un día me encuentre a mi abuelos perdido también.-  De seguir allí mucho más estoy temiendo encontrármelo muerto, entre la enfermedad bronquial que ha cogido en aquella humedad y la crisis
                   Su salvación ya depende del tiempo que tarden los nacionales en liberar al pueblo de los rojizos.-  Dice Píor que está cercado y es cuestión de días.-  Mi abuela solo hace dos cosas: Rezar y maldecir a los rojizos del pueblo, que tanto daño nos han hecho y siguen haciendo.-  En casa no se come pan nada más que el que le llevo a mi abuelo, y el que se deja para la comida del medio día y muy racionado.-  Yo parece ser que entro en el grupo de los mayores, y el pan que como es el bocadillo que me dan en lo del tío Pekico con pringue de chorizo el día que voy a ver a mi abuelo.-  Es un pan que hacen ellos en su horno de la Hacienda y se come solo.-
                    Potajes de garbanzos, migas y tortillas de canuto, café de cebada y leche de la cabra recién parida.-  Con todo, somos unos privilegiados, porque  comemos, que las gentes en el pueblo andan muy mal, para los que no tienen nada.- Mi abuela invita por las mañanas a los pequeños de los vecinos a comer migas.-  Hace una sartén de migas que no la salta un valenciano, como ella dice.-  Nos echa a cada uno un plato de migas que estamos toda la mañana bebiendo agua.-
                    Las vecinas le dicen a mi abuela la hermanita de la caridad.-  Hay media docena de chicos de la mi edad y me manda a traerlos a las migas.-  Da pena, tan pequeños, me imagino todos los niños del pueblo que no pertenecen a los Rojizos, que son de la causa roja.-  Tal vez sin la idea de mi abuelo de esconder el trigo y los garbanzos, nosotros estaríamos igual, porque los rojizos nos dejaron para ir a pedir, como el Chico del kerrillo, un hombre que le llamaban el Chico, con seis hijos y una mano atrás y otra delante, no afiliado a ningún partido.-  Oía decir que los chiquillos del Chico salían al campo a comer hiervas y cazar cigarrones.- ¡Qué pena¡


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