PACIFICANDO PUEBLOS Y
CIUDADES
Las fuerzas nacionales que pacifican,
siguieron camino de Konkefro.- Los rojos
vieron venir la caravana de camiones y en vez de defender el pueblo se
dedicaron a saquear casa por casa, los comercios, organismos oficiales, bancos,
y salían huyendo hacia otras ciudades.
Antes de salir los últimos, como no les dio tiempo a fusilar los presos,
rociaron la cárcel con gasolina y prendieron fuego.- Esto lo contaba un barbudo en el pueblo, que
lo vio, y ahora le hacía gracia cuando escapó por pies.
Los nacionales llegaron a tiempo de salvar las
vidas de los presos, ya que no encontraron resistencia.- Con ayuda del pueblo que se presentó a su
servicio a la entrada.- El hambre los
atenazaba, los rojizos se lo llevaron todo y al que se resistió o lo
maltrataron o lo encerraron en la cárcel para fusilarlo.- Más que rojos eran bandas de incontrolados que se escapaban de las líneas
del frente de los pueblos de los alrededores, sin control.
Nuestros rojos querían, pedían en los mítines
que daban en la plaza del pueblo, que les ayudaran cuando vinieran los
nacionales, que entre todos podíamos vencerlos.- O sea, decía Roka a mi abuela, que ya les
entró el miedo.- Imaginan que los que
vengan no son indefensos como nosotros, para someterlos a su malas artes
saqueadoras, maltratadoras.
Mi
marido lleva tres meses escondido para que no lo pillen, quieren asesinarlo,
porque le pegó al Tuerto el día que saquearon mi casa.- Me enteré, y lo sentí mucho.- Mi casa también la saquearon y le dijeron a
mi marido que no lo fusilaban porque era un viejo decrépito que le quedaba
poco.- Pero yo me explayé y le dije al
Tuerto que si no se acordaba de cuando pasaba su mujer por mi casa y le llenaba
el cesto.- Sí, Roka, nos han fastidiado
bien, pero yo tengo mi marido y mi nuera que es joven y mi nieto Marci, y tengo
que luchar para que coman.- Yo todo lo
oía entre sueños, porque estaba amodorrado en la falda de mi abuela.-
Con tanto ajetreo al que me
tenían sometido, de radios de noche, de lectura de día, mis estudios que el
maestro no me dejaba respirar por orden de mi abuelo.- En qué mala fecha nací para no poder pasar
por niño que juega con sus compañeros, que ríe y se divierte hasta con una
tropelía.- No, yo nací, como me decía
Pior, como un niño viejo que sabe de todo, que entiende de todo y que está
siempre en medio de todo.- Pero qué
culpa tenía yo de vivir entre viejos y analfabetos, siendo su lazarillo.
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