EL MAESTRO DON ESKELAN
Era un hombre apolítico,
bueno, culto, muy social, que tenía un gran prestigio ganado en el pueblo, de
toda la ciudadanía, independientemente del color de las banderías del
momento.- Tal vez por eso lo siguieron
dejando los rojizos que en las escuelas.-
Daba clase a los jóvenes hasta los dieciséis años, y por las noches daba
clases a adultos por su cuenta, sin que por este trabajo le pagaran, según
decía él.- No intervenía en política, ni
en reuniones de las masas .- Él y su
mujer, doña Pekar, que ella se encargaba
de las clases de las niñas.-
Por las noches se reunía en casa de Píor con
Makoliche y mi abuelo, aunque el abuelo no podía oír, pero yo se lo contaba al
día siguiente, y además, le leía la Prensa que me llevaba de casa Píor.- Yo era el chiquillo mejor enterado de los
acontecimientos de la guerra, llevaba mis propias notas, de lo que se sentía
orgulloso don EsKeLan y también mi abuelo.-
Resulta que me gustaba mucho leer y también escribir, y no podía pasar
sin escribir algo o de leer lo que encontraba.-
Cualquier papel que encontraba tirado y vía que estaba escrito tenía que
leerlo.-
Los
libros que había en casa de Píor tenía autorización para leerlos, y el maestro
me daba, de vez en cuando algún libro interesante que me encantaba, como el de
Tormes o el Ingenioso Hidalgo.- En verdad
no tenía demasiado tiempo, porque entre estudiar, leer la Prensa, ayudar a los
abuelos, cuidar ganado, y algún rato con mis amigos de correrías, me faltaba
tiempo hasta para dormir lo suficiente.-
Un contraste entre los que se juntaban conmigo, porque ellos tenían todo
el día para sus correrías.
Pero
no me arrepiento, porque cuando me enfrentaba en la escuela con los mayores,
como Múkico, y otros de su edad, ninguno me untaba la oreja, como decíamos los
chicos en los juegos.- Estaba siempre
por delante de ellos en matemáticas, ortografía, geografía, historia.- Tenía dos ventajas sobre, mi constancia en
estudiar y el buen trato educativo que recibía del maestro, se preocupaba de mi
enseñanza.- Siempre me decía que no lo
defraudara.- El abuelo estaba muy
contento de lo que le decía el maestro de mi.-
Como el pobre era analfabeto, me decía: Tillo, estudia que no seas como
yo, que algún día puedes ser un hombre de provecho.-
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