ENTRE DOS FRENTES
Estábamos entre dos
frentes, los unos que venían por la carretera y no podían pasar de la cochera
de Píor, los otros que instalaron su cuartel general en la kuente del Cako y no
podían subir por el Horkillo, que decía el tío Bakilio que era un hervidero de
rojizos barbudos, armados hasta los dientes.-
Las vecinas venían a la casa llorando, porque sus hijos estaban
hambrientos y con sed.- La abuela, que
no podía ver esas cosas les daba un puñado de garbanzos y un cántaro de
agua.- El agua nos la traía Pio todos
los días de la plaza, porque a él lo dejaban los rojos circular dentro de la
ciudad, no obstante tenía prohibido salir fuera.-
Así pasábamos día y noche.- Al lado de la casa había una plazoleta, que
formaba parte del solar de la casa.- A
esa plazoleta le llamábamos el Llakillo, porque estaba llana.- Allí nos entreteníamos los chiquillos jugando
al hoyuelo o a la rayuela.- Al lado
vivían los Rekigios, con una parva de niños que daba susto.- La más pequeña, que se llamaba Clokilde era
de mi edad, los demás todos mayores, incluidas dos mozas, ya mujeres que tenía,
la karía y la Jokefa.- Otro hecho hombre
era el José, esos tres estaban de criados en los cortijos, pero les pilló en
casa el día de la guerra de los dos frentes en las Fuentes.-
Ya teníamos ganas de que entraran los
nacionales al pueblo, a ver si las cosas cambiaban un poco, pero las kuenkes
tenían mala entrada, y costaba muchas vidas humanas lanzarse a tomar el pueblo
a la desesperada.- Pero los rojizos, a
pesar de estar rodeados por los nacionales, les quedaba una salida para huir,
que era kesna, por donde nadie podía subir tampoco sin ser visto.-
Por
otra parte, tenían una de las mejores fuentes de agua en la plaza y falta de
agua no había ni para ellos ni para el pueblo.-
Dejaban que la gente fuera por agua a la plaza.- Los Rojizo tenían la
iglesia como economato, donde habían metido todo lo expoliado de las Haciendas
y también del pueblo, no les iba a faltar comida en algún tiempo.- Sin embargo los ciudadanos que no estaban
asociados al rojerío no se comían una rosca.- El hambre llegaba a niveles escalofriantes y
demoledores, física, moral y saludablemente.-
Las enfermedades hacían acto de presencia.-
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