EL NIDO LLENO
En el nido había suficiente
semillas, tanto para nosotros como para el mulo y las dos cabras - ya
que los cerdos nos los robaron -, según apreciaciones de mis abuelos para dos
años.- Ellos se ocuparon de volver la
paja a su lugar y quedó el nido escondido, y sólo sabíamos cuatro.- En la casa antigua de mi abuelo, que servía
de granero, según sus apreciaciones había grano para vivir varios años, si es
que la guerra duraba tanto.- Las
tierras arrendadas eran muy productivas y estaban bien labradas.- Si a esto se le añade que unas cincuenta
fanegas de trigo del granero eran para pagar las rentas, cuando los señoritos
dueños del terreno las reclamaran.-
Una de las tardes que nos
reunimos en la plaza la banda de los niños, porque cada día se agregaban más,
algunos como Músico, con unos catorce
años.- Decidimos ir a conocer lo que
era un economato.- Estaba cerca, porque
era en la desalojada iglesia del pueblo, ya sin símbolos religiosos, quemados
por los rojizos.- Llegamos a la puerta
del edificio y no había nadie.- Yo iba
mucho a la iglesia con mi abuela y lo conocía todo.
Los niños no éramos
responsables, porque no teníamos edad
para enjuiciar nuestros actos.- Así que
nos colamos en tromba en la iglesia y recorrimos todo, hasta la sacristía.- Todo lleno de granos de todas clases
(semillas).- Había también camas,
colchones de bonitos colorines, que yo nunca había visto, sillas de lujo, y
cantidad de mobiliario que nos dejaba asombrados porque solo conocíamos el
mobiliario de los pobres.- Yo había visto
en la hacienda del rio algo de aquello.- Como teníamos tierras en el llano, al
otro lado del río, yo pasaba por el vado y me iba a la hacienda a ver una mona
de los Montes.-
Estábamos entusiasmados admirando muchas cosas
desconocidas por casi todos, cuando se produce un ruido a la entrada de la
puerta, empezaron a hacerse una piña pensando en las represalias de las huestes
del Tuerto.- Yo conocía la sacristía y
salí corriendo hacia la puerta trasera que había.- Pero el cerrojo era gordo y estaba duro para nuestras pequeñas fuerzas.- El Músico, su
hermano y yo nos cogimos al cerrojo y lo fuimos cediendo poco a poco, con ruido
chirriante.- Por fin la libertad cuando
salimos al callejón de los Poquitos.- Poquito sentado en la puerta de su casa
nos dijo que corriéramos, como os pillen os ponen el culo caliente y se reía de
la niñada nuestra.- Domotrico estaba
también y se unió a la pandilla para correr hacia la plaza del Medio.-
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