lunes, 2 de noviembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

                                                      LA PANDILLA ANTIRROJA

                      Desde el callejón de Pocuto nos fuimos a la Plaza de en medio a beber y deliberar.-   Decidimos encontrar donde encerraban  el ganado que robaban en los cortijos y en algunas casa del pueblo, como ocurrió en la nuestra.-  Conocedores del pueblo no acertábamos a localizar donde podía estar encerrado el ganado de cabras y cerdos, con los calores que hacían.-  Pero el azar vino en nuestra ayuda.-
                  Dos cerdos peleándose nos descubrieron el secreto.-  Nos fuimos en esa dirección y lo encontramos a poco más de doscientos metros.-  ¡La alameda de la Plaza en medio¡.-   Estaba pegando  al huerto del tío Marció.-  Aún sonaban golpes en la fragua que había en la casona del huerto.-   No recuerdo bien si había sido también molino, pero el nieto sabe de esto más que yo, porque era su abuelo.-
                   El caso es que encontramos el ganado.-  Estaba en una alameda de la Plaza en medio, cercada por todos las por altos y tupidos zarzales, menos por el camino que daba a la Plaza.-  Pero el camino estaba bien vallado para que no saliera el ganado.-  Seguimos buscando y encontramos una puerta que solo tenía un cerrojo.-  Yo di unos silbidos y a poco tenia junto a la puerta la cochina de cría que se llevaron de mi casa, que le limpiaba yo las corralas todos los días.-
                   Tras de la cerda madre llegaron los ochos hijos que se llevaron con ella, ya de unas siete arrobas cada uno.-  Empezaron todos a bocados con la puerta, parecía que deseaban venirse conmigo.-  Los chicos decían que les abriéramos y Músico, mayor y más responsable, no estaba por la labor de abrirles.-  Yo ensimismado en mis pensamientos, viendo a mi pobre abuelo sujetado por los gorilas, empujado al muladar, después de robarle sus cerdos, se me nubló la vista, me olvidé de todo y descorrí el cerrojo.-
                 Salí corriendo, como alma que lleva el diablo, en dirección al Camino y me paré en La puerta del Molino de aceite.- Fueron llegando los otros chicos detrás de mi.-  Pasado el miedo de que nos pillara el rojerío, nos reíamos todos de la hazaña.- Módico dijo que había que disolverse y cada uno a su casa, que pronto estarían las calles del pueblo llenas de ganado, también de rojizos buscando a los culpables de la osadía.


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