jueves, 5 de noviembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

EN EL PUEBLO TODO ERA PARA LOS ROJOS

                  Saquearon las Haciendas, saquearon las casas del pueblo de la gente trabajadora que tenían  cereales, ganado, armas y cosas de valor.-  En casa de los abuelos, por ejemplo, revolviendo en un arca vieja, encontraron una bolsa llena de duros en plata; creo que le llamaban alfonsinos, y otras monedas inferiores, se los llevaron en nombre de la República.-  Los abuelos sufrían impotentes por no poder hacer nada.-  Yo veía a la abuela llorar y reclamar que aquello era un robo, y el abuelo apretaba los puños con la impotencia de la situación expoliadora.-  La madre acurrucaba llorando.-  ¡Rojos, asesinos, ladrones, canallas¡.- Esa era mi abuela.-
                 Yo, por mi parte, con miedo e indignación a la vez, miedo porque le pegaran al abuelo, que ya le habían amenazado, indignación por la impotencia de ver que nos dejaban sin nada, sin que hubiera otra opción.-  Quien mandaba era el Tuerto, jefe de los revolucionarios, llamados rojizos.-  Y mientras él registraba y saqueaba, la media docena de individuos que llevaba vigilaban, escopeta en mano, dispuestos a todo.-  Eso era contra dos viejos indefensos, una mujer llorosa y un niño de nueve años, que los acababan de dejar desnudos y hambrientos.-
                     Todo un señor rojiso, que daba ejemplo de lo que estaban haciendo sus amigos en todos los pueblos del Estado Marciano, según se constataba en todos los medios informativos diariamente  y algo de lo que el Tuerto le dijo a mi abuela respecto a mi padre.-  Pero el gobierno de  la Popular, no se enteraba, o sí  y era cómplice de tales desmanes y atropellos sociales.- Quería una España roja.-
Al abuelo le amenazaron también para que entregara las armas que tuviera, pero él dijo que jamás había tenido un arma y no mentía, era alérgico a las armas.-  Tú sabes, Tuerto, que yo solo me he dedicado a trabajar noche y día para mantener mi familia, en una parcela de arrendamiento.-
                     La última parva de cereales que sacamos te la llevaste tú desde la era, bajo la amenaza de las armas, añadiendo, además que nos fusilaran si nos oponíamos.-  Era el fruto del trabajo de todo un año, de sacrificios familiares y sudores sin fin.-  Tuvimos que acatar que nos expoliaras a mano armada, igual que ahora tengo que aguantar que te lleves una plata ganada con sudor, y nos dejas sin blanca, ¿qué crees que podemos comer ahora?.-


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