EN EL PUEBLO TODO ERA
PARA LOS ROJOS
Saquearon las Haciendas, saquearon las casas del
pueblo de la gente trabajadora que tenían
cereales, ganado, armas y cosas de valor.- En casa de los abuelos, por ejemplo,
revolviendo en un arca vieja, encontraron una bolsa llena de duros en plata;
creo que le llamaban alfonsinos, y otras monedas inferiores, se los llevaron en
nombre de la República.- Los abuelos
sufrían impotentes por no poder hacer nada.-
Yo veía a la abuela llorar y reclamar que aquello era un robo, y el
abuelo apretaba los puños con la impotencia de la situación expoliadora.- La madre acurrucaba llorando.- ¡Rojos, asesinos, ladrones, canallas¡.- Esa
era mi abuela.-
Yo, por mi parte, con miedo e indignación a la
vez, miedo porque le pegaran al abuelo, que ya le habían amenazado, indignación
por la impotencia de ver que nos dejaban sin nada, sin que hubiera otra
opción.- Quien mandaba era el Tuerto,
jefe de los revolucionarios, llamados rojizos.-
Y mientras él registraba y saqueaba, la media docena de individuos que
llevaba vigilaban, escopeta en mano, dispuestos a todo.- Eso era contra dos viejos indefensos, una
mujer llorosa y un niño de nueve años, que los acababan de dejar desnudos y hambrientos.-
Todo un señor rojiso, que daba ejemplo de lo
que estaban haciendo sus amigos en todos los pueblos del Estado Marciano, según
se constataba en todos los medios informativos diariamente y algo de lo que el Tuerto le dijo a mi abuela
respecto a mi padre.- Pero el gobierno
de la Popular, no se enteraba, o sí y era cómplice de tales desmanes y atropellos
sociales.- Quería una España roja.-
Al abuelo le amenazaron
también para que entregara las armas que tuviera, pero él dijo que jamás había
tenido un arma y no mentía, era alérgico a las armas.- Tú sabes, Tuerto, que yo solo me he dedicado
a trabajar noche y día para mantener mi familia, en una parcela de arrendamiento.-
La última parva de cereales que sacamos te la
llevaste tú desde la era, bajo la amenaza de las armas, añadiendo, además que
nos fusilaran si nos oponíamos.- Era el
fruto del trabajo de todo un año, de sacrificios familiares y sudores sin fin.- Tuvimos que acatar que nos expoliaras a mano
armada, igual que ahora tengo que aguantar que te lleves una plata ganada con sudor, y nos dejas sin blanca, ¿qué crees que podemos comer ahora?.-
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