jueves, 5 de noviembre de 2015

MIS RECUERDOS DE LA GUERRA

                                       LOS PERROS ANUNCIARON TRAGEDIA

Sí, cierto, que al día siguiente se supo que algunos esbirros barbudos y del brazalete rojo en la manga, habían sido heridos.-  Era señal de que alguien había rondado las inmediaciones del pueblo y se encontró con patrullas rojas.-  Lo que no se sabe es si los que rondaron cerca también fueron heridos.-  Muertos no, porque los hubieran exhibido los rojos como trofeo de aquella noche.-  Por el ruido de las armas se conoce que los que atacaban o rondaban simplemente, sus armas eran de largo alcance.-  No eran escopetas ni pistolas, que a cien metros no sirven.-
                    Todo esto estaba yo pensando toda la mañana.-   La guerra en un chico de ocho años, que se estaba viendo envuelto en tantos acontecimientos de mayores, era demasiado para mi.-  Me hacía pensar rápidamente y no precisamente en los libros de estudio.-  Los acontecimientos me desbordaban.- Mi cerebro desarrollaba a marchas forzadas para asimilar todo lo que pasaba a mi alrededor.-   Los partes de la radio por las noches, los periódicos por el día, los acontecimientos que me pasaban y en los que tenía que intervenir como si fuera mayor, lo que tenía que callar, todo.-  A veces me hacía un lío, pero mi cerebro volaba.-
                 Mientras pensaba en todo esto, me fui a la cuadra a abrirles a las cabras para que salieran, que estarían con calor dentro.-  Había que ordeñarlas, que me estaba enseñando mi abuela.-  Abrí la puerta de la cuadra, eché las cabras a la calle y, los animales acostumbrados a rodearme siempre, no se retiraban de mi y miraban para la cuadra.-  Entré de nuevo en la cuadra por si había algún perro que se hubiera colado.-  Nada, no había nada, pero al salir me di cuenta de que las cabras miraban a la ventana que había encima de la cuadra y me eché a temblar.-
Habrían entrado los rojizos a buscar en el pajar y nos dejaran sin nido y por tanto sin comer.-   Yo estaba temblando de miedo, por si había otro rojo dentro y me golpeaba otra vez.-  De nuevo se me nublaron las entendederas como cuando le pegaba patadas y bocados al Tuerto.-  Me acordé de mi abuelo que fue a la leñera y cogió un palo.    Yo hice igual, y las cabras se arremolinaron a mí, como queriendo protegerme o protegerse, y subí las escaleras del pajar corriendo para no arrepentirme, porque el canguelo que llevaba era de padre y muy señor mío.-   He pasado tantas veces miedo en esta maldita guerra que me tocó, ya creo que no le tengo miedo al miedo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario